Basurero y escritor

(30/05/2026) Una de las maneras más eficaces para estudiar cualquier civilización -incluida la nuestra- es acudir a los vertederos. Los arqueólogos lo saben desde siempre y han conseguido las mejores “piezas” allí donde los antiguos arrojaban los desperdicios.

Esas escombreras que son cápsulas del tiempo muestran la cara más auténtica y cotidiana de nuestros ancestros: qué comían, qué calzaban, con qué trabajaban, cómo vestían, etc. y gracias a esos agujeros en los que arrojaban los platos rotos, los restos de comida, las herramientas rotas y sin arreglo, hacemos los libros de aquellas civilizaciones.

Pero hoy, esos valiosos pozos, esas escombreras, esos muladares han desaparecido para convertirse en vertederos controlados, en plantas de tratamiento y reciclaje. Quien quiera estudiar en un futuro nuestros desechos para comprender mejor nuestra civilización tendrá que acudir a los vertederos sanitarios -esos pozos donde la basura se compacta y entierra-, ir a las plantas de reciclaje o hacer lo que ha hecho Simon Paré-Poupart en Canadá, correr tras los camiones de basuras para escudriñar en los residuos de sus vecinos y escribir luego un libro. Este conocido antropólogo se ha convertido en todo un fenómeno social al recolectar basura para estudiarla y luego contarlo.

El autor basurero realizó dos trabajos que a nosotros nos parecerían incompatibles: recoger basuras e ir a la universidad. Trabajos que le han llevado a la cima del éxito gracias a un libro que, de momento, lleva 50.000 ejemplares vendidos: Ordures!: Journal d´un vidangeur (¡Basura! Diario de un drenador). Libro que explora todo aquello que nuestra civilización rechaza y que es donde se encuentran los verdaderos tesoros que nos definen como especie.

El drenador, que es el eufemismo que usan en Montreal para referirse a los basureros -aquí los llamamos operarios de la limpieza o técnicos de medio ambiente que suena mejor-, ha conseguido gracias a la obra que les señalé numerosos premios y una edición en inglés que saldrá este mes.

Este realismo crudo que buscan los autores para escribir sus obras sobre lo que han vivido y no solo sobre lo que han soñado, es tendencia entre los escritores. Javier Cercas, sagaz como siempre, lo detectó en su momento: “Los novelistas trabajamos con la oscuridad, con lo que nadie sabe y con la basura, con lo que nadie quiere”.

Mientras Simon corría tras los camiones de basura, tras eso que nadie quiere ver (y menos oler) para luego escribir sobre ello con conocimiento de causa, Coline Renault ha corrido también, pero de costa en costa y de crucero en crucero, para escribir Tant qu´il y a l´océan  (Mientras exista el océano) un libro de investigación sobre los “costeños”, esos jubilados que se pasan la vida de crucero en crucero impulsadas por un loco deseo de vivir.

“No soy francés, no soy una línea de cruceros, soy “costeño”. Esa es mi identidad” señala un septuagenario que, orgulloso de su nacionalidad, ha decidido pasar el resto de su vida en el océano.

Desconozco si Simon Paré-Poupart tiene previsto correr tras los cruceros para completar su tesis doctoral. O tras los aviones que también arrojan lo suyo. Porque los residuos que arrojan los cruceros (y los aviones), son también “oro molido” para entender a esta civilización del espectáculo y del turismo depredador e insaciable.

Simon sabe, como lo sabemos todos, que el océano es un gigantesco estercolero, un vertedero que toca todas las costas y que basta con acercarse a sus orillas y comenzar el estudio de sus “pecios” – bolsas, botellas, preservativos, hierros, maderas, verduras, chapapote, …- para entender cómo somos y lo bien que nos lo pasamos “mientras dure el océano”.

“El hombre es el animal basuralicio por excelencia” afirmaba el intelectual peruano Marco Aurelio Denegri, por lo que no será difícil acceder a esos pozos, a esa costra de residuos plásticos que ya han dado nombre a nuestra civilización: “el antropoceno”, una era geológica en la que los humanos hemos alterado de manera profunda y permanente los ecosistemas y el clima del planeta dejando una huella imborrable.

Bienvenidos sean los libros de Simon y de Coline que de alguna manera confirman lo que ya sabíamos y que tan bien describió el gran Denegri: “El hombre es un miembro del reino animal del filum de los cordados, del subfilum de los vertebrados, de la clase de los mamíferos, de la subclase de los euterios, del grupo de los placentarios, del orden de los primates, del suborden de los pitecoides, del infraorden de los catarrinos, de la familia de los hominoides, de la subfamilia de los homínidos, del género homo y de la especie estúpidos”. Pues eso.

Author: Luis Torrecilla Hernández

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