Animaladas

caniches

(20/04/2026) Hay frases que con el tiempo han perdido su significado, aunque no hayan caído del todo en desuso. Se siguen utilizando, sí, pero su sentido está lejos del que les dieron en otra época, aquella en la que se incorporaron al habla coloquial.

 Una de estas frases es aquella de “llevar una vida de perros”, expresión con la que nos hemos referido a quienes tenían una existencia llena de dificultades y miseria, una vida en consonancia con la vida que llevaban los perros, esos animales que, tras pasar hambre, ser apaleados y sufrir toda clase de vejaciones, terminaban colgados de una encina.

 Pero los tiempos cambiaron y los perros, convertidos en mascotas y llenos de derechos, hoy se pasean orgullosos junto a sus dueños, disponen de peluquerías caninas y hasta asisten a concursos de belleza para perros.

 A cambio de renunciar a cualquier atisbo de animalidad, capados y alejados de sus instintos más básicos, los perros han pasado de “llevar una vida de perros” a tener “una vida de reyes” que, aunque cuestionable, es, también en el habla coloquial, la mejor vida posible entre los humanos.

 Los cánidos se han dejado querer por los sapiens desde la prehistoria sin saber muy bien con quienes se estaban jugando las cartas. Porque la fortuna es voluble y pasar de una vida de reyes a otra de perros o viceversa es cuestión de tiempo o de suerte y los perros a estas alturas de la película ya deberían saberlo. Como lo saben ¡ay! esos 250 caniches que se han encontrado hacinados en una sola habitación en el condado británico de Nottingham. Sus descubridores, tras asegurar que aquello lamentablemente era real y no fruto de la IA (algo que a partir de ahora habrá que dejar bien claro), detallaron que “fue una escena terrible de ver. Su pelaje estaba severamente afectado, enmarañado, con infecciones en su piel, cubiertos de excrementos y tan asustados que no querían salir de sus jaulas”.

 Pero ¿y los dueños?, ¿qué explicación dieron a situación tan lamentable? Los dueños de los caniches se limitaron a decir que estaban “desbordados por la cría excesiva”, demostrando que no habían privado a sus caniches del derecho bíblico a reproducirse y poblar la tierra. Y es que lo mismo que para ser padre (o madre) habría que exigir un mínimo de conocimientos, para ser dueño de mascotas habría que hacer lo mismo. Dotarles por ejemplo de un manual de instrucciones que les explique por qué la reproducción, ese instinto básico de cualquier especie, puede desbordarse si no se ponen los medios necesarios.

 En fin, que lo ocurrido en Nottingham es una animalada, una más de las que suelen cometer los humanos y no los animales. Algo que ya sabían tanto el filósofo Arthur Schopenhauer que a su perro faldero le gritaba “¡hombre!” cuando quería insultarlo, como Diógenes el Cínico que declaró muy convencido que cuanto más conocía a los hombres más quería a su perro. En esta línea, todavía recuerdo aquel cartel que vi en una urbanización en la que alguien, también con pretensiones filosóficas, había escrito: “Olvídate del perro. Cuidado con el dueño”.

 Y es que amar a los perros y odiar a los hombres es una tendencia muy de nuestro tiempo, aunque hay amores que matan, como estamos viendo, y querencias que conducen a cometer animaladas.

 Se cuenta que a Miguel Delibes, el gran escritor vallisoletano, se le acercó en cierta ocasión un admirador pidiéndole una firma para él y otra para su perro. Delibes, sorprendido y molesto, le contestó que los perros no sabían leer, pero el tipo le dijo que sí, que él mismo le leía pasajes de sus obras. “Pues fírmeselo usted” dicen que le respondió el escritor.

 Escribo este artículo mientras observo por mi ventana que “hace un día de perros” y mientras pronuncio la frase pienso si seguirá teniendo vigencia a día de hoy y si podría pronunciarla en un foro de animalistas.

 Luego me entero de que la expresión “hace un día de perros” proviene de la palabra “canícula” (de “canis” (perro)), el período de calor más intenso del año asociado a la estrella Sirius (la “estrella del perro” en la constelación Canis Maior (Perro Grande). Y que antiguamente, estos días sofocantes se consideraban peligrosos y de mala suerte, reforzando la idea de que lo relacionado con los perros (en este contexto astronómico) era negativo o difícil de sobrellevar.

 Salgo a la calle, aunque “hace un día de perros”, como les dije. Una pareja pasea a su mascota. El animal lleva forro polar, chaleco y unos botines que le protegen del frío extremo.

 “Este lleva una vida de reyes” -pienso mientras me ajusto la bufanda- ¿o no?



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