De vómitos y telarañas

(10/07/2026) Echas un vistazo al mundo y, tras comprobar que en él reina lo peor de lo peor -guerras, corrupción, incendios, terremotos, olas de calor, hambrunas …-, entiendes perfectamente que entre los mitos y leyendas sobre su origen haya dos bastante creíbles: el de que todo ha nacido de una telaraña y el de que el origen de lo creado es el vómito de un dios.

Por supuesto que hay otros comienzos más poéticos y científicos, pero visto lo visto tras cualquier telediario, el mito del vómito ha subido en el escalafón de los más probables.

El astrofísico Jean-Pierre Luminet ha recogido en un solo volumen titulado Les origines du monde (Los orígenes del mundo) todas las historias, mitos y leyendas sobre el inicio del cosmos que defienden las distintas culturas. Y le ha salido un librote de 1056 páginas en el que relata cómo las civilizaciones han intentado responder a esa pregunta que nos impide dormir desde la noche de los tiempos: ¿de dónde nació el universo?

El pueblo bantú relata por tradición oral, tal como refiere Luminet que el mundo y todos sus elementos fueron creados a partir del vómito de un dios creador llamado Bumba que, ya con el nombre, avisaba de lo que se nos venía encima. Por lo tanto no seamos exquisitos buscando ancestros principescos en nuestro árbol genealógico porque los humanos descendemos de un terrible dolor de estómago del dios Bumba que, aburrido en la oscuridad de la nada, vomitó el sol, la luna y las estrellas, para, en vómitos sucesivos, tras el leopardo, el águila y el cocodrilo, potar a los seres humanos.

Como ven, la cosmogonía de los bantúes es una de las que mejor nos retrata y cuestiona a la Biblia, a Platón y hasta al mismo Einstein que se esforzaron en darnos unos orígenes más racionales.

Para los pueblos nativos de los Estados Unidos -los Hopis, los Navajos, los llamados indios Pueblo y otros que brillan por su ausencia gracias al “7º de Caballería”- la entidad creadora, siguiendo el relato de Luminet, fue la Abuela Araña (Kokyangwuti) que ayudó al Sol (Tawa) a dar origen al mundo. Ella fue quien tejió el mundo y todo lo creado utilizando la Telaraña Mágica que, aunque nos parezca extraño, es también una buena manera de retratar lo que observamos: que todo está conectado y que el aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas según defendió el meteorólogo Edward Lorenz en 1972. Su “efecto mariposa” que es el principio de la Teoría del Caos nos permite confirmar que lo que ocurre en Ucrania, en Palestina o en Oriente Medio, estaba en la cosmogonía de los indios Pueblo antes incluso de que llegaran los tertulianos de la tele para explicarlo. Y nosotros sin enterarnos.

La Abuela Araña, creadora del mundo, también confirma lo que muchos sospechábamos: que lejos de que El diablo era mujer, como tituló Josef von Sternberg a su película para que la protagonizara Marlene Dietrich, las mujeres han sido las diosas que dirigieron el Olimpo, desde Hera hasta Venus pasando por Atenea. Y que Zeus o Júpiter o quien fuera, siempre se dedicó a cumplir sus deseos. A decir “amén”.

Últimamente la Abuela Araña, preocupada por sus hijos y superocupada con sus nietos, está abandonando sus tareas y, más que una alfombra persa, el mundo es una maraña de despropósitos, un caos donde gobiernan líderes sin cabeza, pero con un ego superlativo.

En cualquier caso, habrá que concluir que el cosmos lejos de surgir de la razón como creíamos lo hace desde un impulso ciego, fuente de dolor y sufrimiento, tal como defendieron Schopenhauer y Nietzsche, y como defienden los bantúes con su leyenda del vómito.

El físico José Manuel Sánchez Ron está convencido de que los humanos somos polvo de estrellas y que “en un sentido nada metafórico, todos hemos estado en el interior de una estrella y hemos realizado un largo -en el espacio y en el tiempo- viaje por el cosmos”, pero uno, que a estas alturas de la película está muy desencantado, cree que en vez del fúlgido polvo de una estrella somos la viscosa sustancia interestelar de un vómito.

Cuesta creer que científicos de la NASA hayan encontrado evidencias de la existencia de universos paralelos donde el tiempo va hacia atrás. De ser cierto los bantúes y los indios Pueblo tendrán que replantearse sus cosmogonías con un Bumba que vuelva a alimentarse de lo vomitado o una Abuela Araña destejiendo durante la noche lo tejido durante el día, cual otra Penélope. Lo cual no mejora mucho el asunto, pero da para que Jean-Pierre Luminet o sus muchos sosias de esos universos paralelos escriban otro Libro Gordo de Petete dotado de infinitas páginas.

Author: Luis Torrecilla Hernández

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