La biblioteca y el despiece

(10/10/2026) Las bibliotecas, esos edificios bajo cuya forma Borges se imaginaba el paraíso –“yo me figuraba el paraíso bajo la forma de una biblioteca”, decía- y donde el nobel Elías Canetti veía la mejor definición de patria, se están convirtiendo, cada vez más, en lugares multiusos.

“Entró en la biblioteca y vio las estudiosas lámparas” dijo también Borges, pero uno entra ahora en una biblioteca y ve estanterías rebosantes de libros, cabizbajos y deprimidos porque no encuentran lector.  Ni lector apasionado como Aby Warburg que renunció al poderoso banco de los Warburg que le correspondía como primogénito a cambio de que le compraran todos los libros que deseara, ni ladrón que los robe como hizo en su día Guglielmo Libri Carucci dalla Sommaja, el Conde Libri, un matemático que robó cerca de treinta mil volúmenes siendo inspector de bibliotecas en Francia.

Para evitar esta depresión que afecta al mundo del libro y a las bibliotecas, los finlandeses han ideado las bibliotecas multiusos, pero a lo bestia.

Estudiantes trabajando con sus portátiles, padres leyendo con sus niños en coloridas zonas de juego, grupos que tejen prendas de lana, personas dentro de cabinas tocando el saxofón, jubilados impartiendo clases de conversación a chicos extranjeros, adolescentes jugando a baloncesto en la cancha de la biblioteca, etc., etc. son actividades que hacen que Oodi -la Biblioteca Central Finlandesa- haya sido elegida la mejor biblioteca del mundo.

“Se me saltan las lágrimas al ver a la gente entrar casi corriendo al edificio” confiesa exultante Katri Vänttinen, la directora de los servicios bibliotecarios de Helsinki.

Mientras otros se dedican a cerrar bibliotecas -766 bibliotecas cerraron en USA entre 2008 y 2019 y 180 en Reino Unido entre 2016 y 2023- Finlandia ha encontrado la varita mágica que da solución al desastre: la inclusión de todo tipo de actividades en el espacio bibliotecario.

Se trata de prestar libros, sí, pero también de prestar espacio para reunirse, debatir, estudiar o hacer música. O, dicho en otras palabras, dar espacio para socializar, asegura Katri.

Ahora que el problema de la vivienda está ahogando a tantos países y que las casas son cada vez más pequeñas y sin espacio para estirar las piernas, habrá que ir a las bibliotecas finlandesas. “Las bibliotecas prestan libros, pero sobre todo prestan espacio para vernos, tocarnos y hablar, ahora que tan difícil se nos ha puesto, son lugares para pasar el rato” sermonea Vänttinen a quienes acuden a comprobar el milagro.

Pero este invento finlandés ya lleva años funcionando en otras latitudes. La biblioteca pública de esta ciudad contada –Valladolid, ¡si yo te contara!– también congrega en su espacio una fauna variopinta de usuarios: lectores en busca de préstamo, estudiantes preparando sus exámenes, investigadores que acuden en busca de ejemplares, jubilados para leer la prensa del día, niños en la sala infantil, cinéfilos y melómanos para ver vídeos o escuchar música en su fonoteca -descargando archivos o viéndolos en tiempo real (en streaming)-, escritores que presentan su libro en el amplio salón de actos, artistas que utilizan el magnífico claustro que embellece la biblioteca para sus exposiciones; y sí, también algún indigente en busca de refugio o de compañía.

Nos faltan otros espacios, es cierto: cabinas insonorizadas para que los melómanos de cualquier instrumento den rienda suelta a sus pentagramas, o lugares para que se cosa, se pinte, se fotografíe o se trabajen distintos oficios como ocurre en las bibliotecas finlandesas … Pero, y aquí surgen lan preguntas, ¿no cuenta ya la ciudad con otros lugares para ello?, ¿no existen las escuelas de música para aprender y tocar cualquier instrumento?, ¿no existen las academias de pintura para quienes sueñan con ser Picasso? ¿no están los polideportivos para hacer deporte? ¿no se inventaron los bares y terrazas para socializar?

Pero la pregunta que queda en el aire, y que es quizá la más importante es ¿qué queda de la biblioteca entre tantas actividades? O mejor, ¿cuántos leen o toman libros como préstamo para llevar a casa y dedicarse al viejo oficio de leer que es, al fin y al cabo, la función esencial de una biblioteca?

“Entró en la biblioteca y vio las estudiosas lámparas”, pero si Borges hubiera entrado en la biblioteca finlandesa habría visto un lugar de despiece de su espacio. Y uno piensa, como pensaba Sánchez Dragó que “una biblioteca es un organismo vivo que no admite despiece porque si se mutila muere” y que es también un organismo que nunca ha de basar su éxito en el número de usuarios que gocen de su techo porque una cosa es coser, conversar, jugar … y otra leer. Porque lo contrario es confundir la velocidad con el tocino, el culo con las témporas, o mezclar churras con merinas.

Autor: Luis Torrecilla Hernández

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