(20/08/2026) El FOMO, ese acrónimo que viene del inglés “Fear Of Missing Out” y que en español se traduce como “miedo a perderse algo”, se está adueñando de más personas cada vez. Porque ese miedo a quedarse fuera, esa ansiedad que sienten tantas personas cuando piensan que otros están teniendo experiencias divertidas y ellos no, lleva a muchos a acudir a los lugares más inhóspitos para no perderse lo que allí se cuece.
Y da lo mismo que haya que sumergirse en el océano a ocho mil metros de profundidad para no perderse como se reproduce el Pez Caracol de las Marianas que subir a lo alto de una montaña para asistir a un concierto de música.
Oír a la Tournée des Refuges -festival de música itinerante creado por Gaspard Panfiloff- en refugios de alta montaña está marcando tendencia entre los FOMOs y cada vez son más los que se hacen un ocho mil para ver a los artistas subiendo a las montañas nevadas cargando sobre sus espaldas los instrumentos del equipo de sonido (a excepción del piano, claro) y un estudio móvil, para no perderse tan suculento espectáculo, aunque la música los traiga al pairo.
La 14ª Edición de la Tournée se ha celebrado entre el 12 de junio y el 2 de agosto recorriendo los macizos del Jura, Bauges, Aravis y Bornes en los Alpes franceses.
Como dije más arriba, el “miedo a perderse algo”, el FOMO, está alcanzando altitudes y profundidades que lo acercan cada vez más al filo de lo imposible.
En realidad, los FOMOs has existido siempre y antes de que los llamáramos con ese acrónimo inglés nos referíamos a ellos como los “trotamundos”, los “culo inquieto”, los “pingos”, o los “penduzos”: esas personas a las que siempre les encantó “pendonear” (es un “pendón verbenero” decíamos y decimos) y que, como era público y notorio, en caso de derrumbe en su casa, a ellos nunca los pillaría debajo.
Pero a esta tendencia que busca no quedarse al margen de ningún acontecimiento, aunque para lograrlo tengas que acudir a los lugares más descabellados del planeta, la está saliendo otro movimiento, el JOMO, que busca lo opuesto.
El JOMO (Joy Of Missing Out) es, al contrario que el FOMO, el placer de perderse cualquier acontecimiento por importante o nimio que sea. Mientras el FOMO genera estrés, envidia y ansiedad, el JOMO, que busca desconectarse de planes y redes sociales, genera paz, satisfacción y tranquilidad. Mientras el primero propone conexión digital constante y obsesiva, el segundo busca la desconexión planificada. Cuando el uno pone su foco de atención en lo que hacen los demás, el otro se centra en lo que uno mismo realiza aquí y ahora. Si a los FOMOs les motiva la aceptación de los otros y la comparación constante con ellos, a los JOMOs les va el bienestar interno y el sentirse bien con ellos mismos.
Los JOMOs también han tenido y tienen su denominación en el lenguaje coloquial del español. ¿Quién no ha oído hablar del setón ese individuo que “se planta” en el sofá como una “seta” y no hay manera de sacarlo de casa? Pues el JOMO es el setón de toda la vida.
Llegados a este punto, uno, que está más que harto de la dichosa polarización que se genera en cualquier actividad humana (y no solo en la política) busca y no encuentra algo que escape a la eterna diatriba que se mueve entre el blanco y el negro y se olvida de los infinitos grises. Algo que en el asunto que nos ocupa se llame GOMO u HOMO o como rayos quiera llamarse, pero que ponga algo de cordura en este asunto.
Necesitamos a alguien con vocación de filósofo que le haga un panegírico al olvidado “punto medio” aunque nos precipite en la mediocridad, término peyorativo, pero que significa “medianía” o “lo que está en el medio” y que era el lugar donde los antiguos creían que se hallaba la virtud: “in medio virtus”.
Mediocre del latín “medius” (medio o central) y “ocris” (montaña o roca) alude al que se queda a media altura en una montaña viendo como suben agotados al concierto de la Tournée, mientras él se queda embobado mirando la profundidad del valle, que también tiene lo suyo, tomándose una cerveza.
En ese lugar equidistante entre la depresión del valle y el mal de altura de la cumbre era donde para nuestros antepasados estaba la virtud. Y uno piensa, en su ignorancia, que razón no les faltaba.
Alguien debería hacer un elogio a la mediocridad.

