Fados al viento

(30/10/2026) Tras convalecer unos meses en la imprenta, debido a un problema de impresión, acaba de salir el libro que hace el número quince en mis publicaciones. Se trata de Fados al viento. Valladolid-Portugal: espacios con historia, un nuevo ensayo sobre la ciudad de Valladolid.

“El mundo es un Bilbao más grande” cuentan que dijo don Miguel de Unamuno, y uno piensa que sí, que todos los mundos están contenidos en cualquier ciudad y en cualquier aldea, y que la humanidad está escrita en los genes de cualquier persona.

Ya señalé en anteriores ensayos que por la ciudad del Pisuerga pasaron pueblos y gentes de lugares distintos y distantes. Personas de Francia –Valladolid la huella francesa: rutas para el diálogo-; de Italia –Valladolid, fantasía italiana: descubriendo mundos-; de Flandes –Paños de oro. Valladolid -Flandes: tejiendo la historia– y ahora tocaba divulgar lo que era obvio, que aquí también hubo una importante presencia portuguesa que contribuyó a la historia y a la cultura de la ciudad.

“¡Ay, Portugal! ¿por qué te quiero tanto?” clama el fado compuesto por el español José Padilla que popularizó la tuna universitaria, y uno, escarbando en los entresijos de la historia, llega a comprender el porqué de esa querencia y no entiende que hayamos vivido dándonos la espalda tantos años a pesar de compartir mapa y ríos.

Escribir es descubrir y uno descubre mientras escribe que una de las calles con más solera de la ciudad -se remonta a 1369- está dedicada a una portuguesa.  Se trata de la calle Teresa Gil, dama que fue conocida en su tiempo como la “ricahembra de Castilla”. Descubre también que la madre del rey más poderoso de su tiempo, el vallisoletano Felipe II, fue Isabel de Portugal. Que el cronista más importante que ha tenido la ciudad fue Tomé Pinheiro da Veiga, un portugués que retrató con un genio inigualable la vida del Valladolid de la corte de Felipe III. Que el famoso cosmógrafo portugués João Baptista Lavanha fue encargado de levantar la planta de Valladolid -plano geométrico detallado de su superficie- allá por 1603. Que en las controversias que se llevaron a cabo en San Gregorio de Valladolid para debatir sobre Erasmo de Rotterdam participaron portugueses como el profesor Pedro Margalho y el humanista Diogo de Gouveia …

Pero hay más. Cuando la ciudad extiende sus brazos hacia los pueblos cercanos, hacia eso que llamamos “la provincia”, se confirma que la presencia portuguesa, lejos de decaer, adquiere mayor protagonismo, llegando a ser determinante en la historia de muchos lugares.

Entre esos pueblos bañados en la saudade portuguesa estaría Tordesillas, hermosa villa que fue entregada en dote a Beatriz de Portugal por Juan I de Castilla, y donde residieron importantes damas portuguesas como Leonor Téllez de Meneses (esposa de Fernando I de Portugal) y Beatriz de Silva, fundadora de la orden de la Inmaculada Concepción, que sería canonizada años más tarde. Y donde se llevó a cabo el famoso Tratado de Tordesillas que dividió el mundo entre España y Portugal.

Podríamos seguir con Peñafiel en cuyo castillo vivió Inés de Castro como dama de compañía de la princesa Constanza Manuel y cuyo asesinato años después dio lugar a una “literatura de lo trágico” que ha llegado hasta nuestros días. Con el pueblo de Alaejos en cuyo castillo estuvo prisionera Juana de Avís, llamada por sus contemporáneos La Triste Reina, donde se enamoraría de Pedro del Castillo y Fonseca, sobrino del propietario de aquella fortaleza de la que hubo de huir descolgándose por uno de los torreones cuando se hallaba embarazada. Con la villa de Urueña donde también estuvo prisionera la portuguesa Isabel Brites de Borgoña casada con Pero Niño, matrimonio que no fue bien visto por el infante Fernando de Aragón que ordenó su encierro. Con Castronuño, donde el portugués Pedro de Avendaño defendió su fortaleza durante once meses contra las tropas de Isabel la Católica. Con Villalón de Campos lugar en el que la portuguesa Leonor de Albuquerque, hija de Beatriz de Portugal y de Sancho de Castilla, residió y fundó el convento de Santo Domingo. Con Cigales, cuyas murallas fueron donadas por la ya mencionada Isabel Brites de Borgoña tras su matrimonio en esta villa. Con Medina del Campo a cuyas ferias acudieron tantos mercaderes portugueses …

 “… he por esto dizen los que hablan en los logares que Valladolid es el mundo abreviado …”, decían ya los cronistas medievales ante la variedad de lenguas que se oían en sus plazas.

En unos tiempos en los que las ciudades siguen alimentándose de gente llegada desde tantos lugares, Fados al viento pretende ser una mirada más sobre la ciudad. Una mirada que nos recuerde los distintos pueblos que la han habitado y que, de alguna manera, conforman lo que somos.

Autor: Luis Torrecilla Hernández

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