El espía que surgió del mar

(30/06/2026) Los espías, aquellos viejos espías que antes surgían del frío como nos demostró la película de Martin Ritt, surgen ahora de los océanos y de los mares según denuncian los chinos que tienen mar propio -el Mar de China- para comprobarlo.

Resulta que los inofensivos pececillos que “beben y beben y vuelven a beber” se dedican entre trago y trago a hacer alguna que otra foto para mandársela al KGB o a la CIA, que vaya usted a saber.

La plataforma china WaChat denunció hace días que “a través de una variedad de nuevos dispositivos de espionaje” que utiliza grandes animales marinos, como tortugas espías, peces espías, delfines espías y otras especies que se apellidan “espías”, están consiguiendo que su país sea un coladero para los servicios de inteligencia enemigos.

Este modo de proceder para recabar información viene de lejos, concretamente de la utilización hace años en el Mar Negro de los delfines nariz de botella usados para contrarrestar a los buques enemigos. Estos cetáceos que parecen llevar el oficio grabado en el nombre tienen además de buena nariz mejor oído pues son especialistas en ecolocalización de alta frecuencia para encontrar a sus presas que, una vez sujetas, son devoradas sin que las espinas atasquen su garganta. Y los chinos acostumbrados a las dulzuras del oso panda no están dispuestos a que algo tan salvaje les engulla el imperio de mala manera.

Con todo, uno piensa que los chinos se están equivocando de enemigo como en los chistes de Gila y que en vez de mirar al mar y a su inmensidad como cantaba Jorge Sepúlveda deberían mirar más cerca. Porque el enemigo, el verdadero enemigo, siempre está dentro, posiblemente en esas moscas vulgares y familiares que tanto le evocaban al poeta Antonio Machado. Si, esas moscas que se han posado sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor y hasta sobre los párpados yertos de los muertos, son a las que habría que fumigar para que no espíen en el Gran Salón del Pueblo que es donde se cuecen las leyes del imperio.

Si el Gran Salto Adelante -en China todo lo importante es “grande” y tiene tres palabras como la Gran Muralla China”- implicó la eliminación del gorrión molinero allá por 1958, el mantenimiento del gran imperio chino debe conducir a otro “gran salto” que elimine a las moscas.

Aunque el exterminio masivo de los gorriones ocasionó un desequilibrio ecológico que llevó a la “gran hambruna” entre 1959 y 1961, se cree que no ocurrirá lo mismo con las moscas que son más numerosas y más veloces, aunque vaya usted a saber.

Porque seguro estoy de que algún científico biogenético, especialista en el tema y captado por los servicios de inteligencia de algún país, habrá pensado ya en montar un criadero de moscas dotadas de modernas y sofisticadas microcámaras en sus antenas.

De todos es sabido que las moscas llegan antes que el forense e incluso antes que la policía. Y que es un animal curioso y molestón (la mosca cojonera española podría servir como ejemplo) capaz de poner patas arriba la paciencia de cualquier ejército.

Su utilidad está siendo muy estudiada, como digo, y ya hay robots que se alimentan de moscas y de otros insectos para ser utilizarlos como fuente de energía o para el control de plagas que arrasan los sembrados.

No sabemos hasta donde nos llevará este tipo de robot come-moscas que, dotado de inteligencia artificial y visión por computadora, opera en los cultivos manipulado por control remoto. Ya hay unidades autónomas de operación nocturna (se les conoce como robots Hunter). funcionando como depredadores mecánicos de aquellos insectos que salen de juerga por la noche.

Pero estábamos hablando del espionaje, del oficio de quienes disfrutan engañando, expertos en secretos e infidelidades y adictos a la simulación y al engaño, “virtudes” demasiado humanas que han obligado a traspasar el oficio a los animales del mar o a los que pueblan los aires.

Bill Haydon, el famoso topo de John Le Carré, superdotado en utilizar y manipular la amistad humana, no tendría nada que hacer en estos tiempos de computadoras e IA. Cualquier animal microscópico, dotado con microcámaras inteligentes y que se mueva por tierra, mar o aire, puede sustituirlo sin tantos riesgos. Y los chinos lo saben. Su imperio ya está en el punto de mira de todos aquellos que practican la imperiofobia sin que les duelan prendas y sin reparar en gastos.

Atentos pues, señores chinos, a los cautos pececillos y a las sigilosas musarañas. Por si las moscas.

Author: Luis Torrecilla Hernández

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