…y se pusieron muy flamencos

flamenco

(20/08/2017) Presentando “La espía del Emperador” en mi pueblo, recordaba a los asistentes que el descontento y desencuentro de las villas castellanas con el Emperador y su corte flamenca que refleja la novela se habían originado tres años antes cuando, tras tomar la decisión de venir a España para ser proclamado rey (su padre el rey Fernando había muerto y su madre Juana se hallaba encerrada en Tordesillas) desembarcó en el puerto de Tazones en Villaviciosa el 19 de septiembre de 1517.

Aun considerando la parcialidad de los cronistas, que como es lógico barrían para casa, nos encontramos con unos engolados y orgullosos flamencos que se van topando en su viaje de Villaviciosa a Valladolid con unos naturales que desconocen su idioma, visten de forma extraña (“van vestidos de rey mago” dicen) y dicen pertenecer al estado noble aunque son pobres y van descalzos.

 Los españoles, por su parte, ven en aquellos recién llegados y tras el susto inicial (creen que quienes desembarcan pertenecen a una escuadra mora y les reciben con palos, hoces, espadas, cuchillos…tras mandar a las mujeres y a los niños al monte) unos seres arrogantes y vanidosos, que se creen superiores y que vienen para mandar y quedarse.

 Y luego está la figura del futuro emperador, a quien ven como un jovenzuelo de diecisiete años, de estatura mediocre, siempre boquiabierto (su mandíbula prominente le impedía cerrar bien la boca) y que para más inri no sabe ni una palabra de castellano.

 Y así hasta Tordesillas, donde Chièvres maneja y manipula a su antojo el encuentro  entre Juana y sus hijos (Carlos y Leonor) dejando bien claro el rol que se espera de la reina cautiva. Luego en su camino hacia Valladolid, parada en Mojados donde tiene lugar el encuentro entre Carlos su hermano Fernando (este sí, sabe castellano, se ha educado en Castilla y es el preferido de los naturales como lo fue de su abuelo el rey Fernando) al que desde un principio se ningunea, aparta del poder y condena al ostracismo.

Cuando llegan a Valladolid, tras los festejos iniciales, el desencuentro entre el partido castellano y el flamenco sigue subiendo cotas y más cuando el mariscal de Logis encuentra dificultades para acomodar a las tropas que acompañan a Carlos en los conventos de la villa. Claudio de Cilly, el mariscal de Logis (logística) recurre entonces a la fuerza de las armas topándose con unos clérigos que alegando antiguos privilegios, amenazan con la excomunión a los extranjeros y ordenan el cese de los actos religiosos cuando entren en las iglesias.

Laurent Vital, un flamenco que llega con el rey, se sorprende por el recibimiento que les dan. En su “Relación del primer viaje de Carlos V a España” cuenta con bastante detalle los acontecimientos que presencia en Valladolid:

Alrededor de ese tiempo fueron clavados por algunos malvados en los portales de las iglesias de Valladolid ciertos libelos difamatorios conteniendo cuatro extremos principales, si bien lo he retenido. En el primer punto se decía por dos veces “¡Ve!¡Ve!” y lo que seguía que equivalía a tanto como decir “¡Maldición!¡Maldición!” A ti Reino de Castilla que permites y sufres que tus hijos, amigos y vecinos, sean diariamente matados y asesinados por extranjeros sin hacer de ellos justicia. En el segundo punto se decía también dos veces “¡Ve!” con el resto que estaba en lengua castellana, como si hubiesen querido decir “tú, tierra de Castilla, eres bien desgraciada y maldecida cuando sufre un reino tan noble como tú eres, ser gobernada por extranjeros, que no sienten amor por ti; sin embargo tienes sabios príncipes y grandes señores a los que, al hacer eso, los consideras y estimas demasiado poco y les haces un gran deshonor”.

 

La cita, aunque larga, es esclarecedora para comprender el estado de opinión que reinaba en la entonces villa sobre los nuevos mandatarios.

 Y luego llegó el reparto de la tarta del poder ante unos asombrados castellanos que no dan crédito a lo que ven: a Guillermo de Croy se le nombra arzobispo de Toledo (tenía solo veinte años , pero era sobrino de Chièvres);  Chièvres, a su vez, es nombrado Capitán General de la Corona de Aragón , almirante de Nápoles y señor de varios ducados; a Laurent de Gorrevod se le otorga licencia para llevar por primera vez esclavos negros a América, permiso que vende a mercaderes genoveses; Adolfo de Borgoña, recibe en feudo la Península de Yucatán, en Méjico, aunque aún no había sido conquistada para la Corona; Ludovico Mariano es nombrado obispo de Tuy; Adriano de Utrech, cardenal de Tortosa, Inquisidor General…

Cuando tras marchar a Aragón, Carlos vuelve a Valladolid el 1 de marzo de 1520, encuentra una villa llena de rumores, intrigas y sospechas…, con unas cuadrillas que se oponen a prestar más servicios dinerarios y con los ánimos cada vez más exaltados.

Y aquí, en este caldo de cultivo, con informantes, avisadores y espías, es donde se desarrolla la trama de “La espía del Emperador”, la novela que trata sobre los servicios de información durante la Guerra de las Comunidades de Castilla.



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