Veintinueve de noviembre, ¡fum!, ¡fum!, ¡fum!

blackkkk

(30/11/2019) Seguro estoy de que ayer, veintinueve de noviembre, fueron  muchos los que se acercaron al centro comercial más cercano (o al más lejano dependiendo del lugar en el que se encontrara el oscuro objeto de su deseo) y aprovechando que era “Viernes Negro” adquirieron, a buen precio, el producto soñado.

 Tan seguro estoy de ello como de que muchos no habrán entendido lo de “Viernes Negro”, dicho así en la lengua de Cervantes, tan acostumbrados como están a oírlo en la de Shakespeare: Black Friday.

  Black Friday, pronunciado “blakfraidei” por casi todo el mundo, desde los presentadores y tertulianos de radio y televisión, a quienes se supone un inglés fluido y solvente, hasta aquellos que no tienen ni idea del idioma de Newton, es un anglicismo, uno de tantos, que se ha impuesto con éxito desde que llegara a España allá por el año 2011.

 Sentadas estas bases, hay que reconocer que no es fácil pronunciar correctamente el dichoso término hasta el punto que son muchos los que ya han hecho suyo lo del chiste que corre por las redes y que dice aquello de “mañana es el “Blas Fraile”.

 En un país castigado durante siglos a oír y pronunciar frases que no entiende, no olviden que el latín era el idioma que acompañaba a los antepasados en las celebraciones religiosas y en los momentos vitales más importantes: bautizo, comunión, boda, extremaunción, muerte…, lo de los extranjerismos se asume entre quienes no dominan los idiomas con la resignación del que ve caer la lluvia y espera que escampe.

 Así como el latinajo era coloquialmente un latín malo, defectuoso y macarrónico, en el que se pronunciaban expresiones latinas de forma incorrecta (por ejemplo el orate frates empleado en la liturgia como “orad hermanos”, en lugar de su uso correcto: orate fratres), en los anglicismos, ocurre lo mismo.

 Y lo mismo sucede con los galicismos. Carrefour, supermercado de origen francés que significa “intersección” o “cruce de caminos” y que en dicho idioma se pronuncia “cagfug” ha pasado al idioma de Borges y de Juan Rulfo como “carrefur”.

 Lo más sorprendente de todo -volviendo a lo de “Black Friday”- es que este término, de difícil pronunciación y del que muchos ignoran su significado, se ha impuesto al de “Viernes Negro”.

¿Será porque hemos asumido que cualquier evento escrito y pronunciado en inglés tiene un prestigio añadido, una solvencia, de los que carece si lo pronunciamos en español?

 Vean los rótulos de tanto comercio como ilumina nuestras calles y respóndanse ustedes mismos.

 ¿O será que la palabra “negro” sigue teniendo connotaciones negativas entre nosotros (“lo veo muy negro”, “trabaja como un negro”, “el garbanzo negro de la familia”, “pozo negro”, “mercado negro”…) y los encargados de la mercadotecnia no quieren palabras tóxicas que puedan mermar sus sustanciosas ganancias?

  Si este fuera el motivo habría que reconocer que esa connotación negativa que tiene la palabra en español no parece tenerla para los mercaderes americanos, a pesar de que el evento, que se inició en 1961 (el primer viernes después del día de Acción de Gracias) con el propósito de aumentar las ventas y las ganancias adelantándose a la Navidad, provocó tantos atascos y alborotos en los alrededores de los centros comerciales que la policía lo bautizó como “viernes negro” (“negro” como trabajoso, pesado, malo, penoso, difícil, latoso, costoso, laborioso).

 Por eso reivindico desde aquí reconciliarnos con la palabra “negro” y hablar de “viernes negro” como el día en el que tantos consumidores compulsivos y dichosos en su patología dan rienda suelta a sus impulsos y encuentran por fin la felicidad soñada en tiendas y mercados.

 Eso o inventar otro término más acorde con lo políticamente correcto imitando a los mejicanos que, lejos de copiar anglicismos, tienen, en el mes de noviembre, su día de “El buen fin”, su “viernes negro” particular, para fomentar el comercio y el consumo durante todo el fin de semana,  como su nombre indica.

Porque de eso se trata de consumir sin tregua hasta desfallecer, hasta la Navidad. ¡Veintinueve de noviembre, fum, fum, fum!

“Noviembre, dichoso mes que comienza con los Santos y termina en San Andrés”. Pero, ¿qué digo? “Noviembre, dichoso mes que comienza con el “jalouin” y termina con el “blacfraidei”. Eso.



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