Tomar el acero

(10/4/2012) No hemos inventado nada. Pienso, mientras leo ese catecismo costumbrista del seiscientos que es la Fastiginia del escritor portugués Tomé Pinheiro da Veiga y me confirmo en lo que siempre sospeché: que no hemos inventado nada.
Tampoco los paseos que el mundo “jubilata” hace mañana, tarde y noche, por tierra, mar y aire, cual poseso y por recomendación facultativa. Tampoco. Nada nuevo bajo el sol.
Uno, en su inocencia irremediable e incorregible creía que los paseos mandados por el facultativo respondían a una modernez insultante, a una época de “vacas gordas” donde se habría descubierto el placer medicinal del andar, a tiempos de ocio y de vacaciones en el mar. Pues no.
Ya en los primeros años del siglo XVII existía la loable costumbre de pasear con fines saludables y terapéuticos; lo dice con claridad meridiana Tomé y a él me remito:
“Hallamos mucha gente …que van en sus coches o a pie a hacer ejercicio, que ellas llaman “tomar el acero”, que es beber agua de hierro y luego pasear una hora o dos antes de salir el sol, que hallan muy provechoso para la salud”.
La gente a la que alude el portugués era la de Valladolid; capital en aquellos años de la corte del rey nuestro señor Felipe III, pero que podría referirse, igualmente, a la que vivía en otros territorios de la monarquía.
El “Féniz de los ingenios”, nuestro Lope de Vega, que atisbaba las costumbres de su época con la mirada escrutadora de un disecador de hormigas, publicó una comedia cuyo título es bien esclarecedor para lo que se cocina en este artículo: EL acero de Madrid.
Y es que según nos cuenta don Lope, la Fuente del Acero era muy visitada por las damas que sufrían de opilaciones (obstrucciones en las vías del cuerpo).

Mañana salgo en efecto
después que tome hasta media
escudilla reposada
del agua bien acerada
que desopila y remedia.

Que tras tan inocente costumbre se escondían, y se esconden, intenciones y hechos menos confesables, pues también. Que a saber lo que puede hacer cada cual cuando se levanta tan temprano para ir vete a saber dónde. Sigamos a Pinheiro:
“Usan las enfermas del bazo por necesidad y las enfermas de los riñones por bellaquerías; y así van en estas mañanas a las huertas y jardines a coger flores , y a las veces fruto, y vuelven madres a casa por no decir prometidas…”.
Como les dije, nihil novi sub sole. Tampoco la idea tan moderna del origen psico-somático de muchas enfermedades. Tampoco. Veamos:
“…porque todas son profesoras de la nueva filosofía de doña Oliva Sabuco, que busca la ocasión y origen de todas las dolencias en la tristeza que causan los decaimientos del cerebro, y el remedio de ellas es la alegría, que conserva y recrea”.
Como ven los optimistas siempre han jugado con las mejores cartas en la partida de la supervivencia. Y los nuevos filósofos de la “risoterapia” no han inventado nada. Como les dije.
Concluye el famoso cronista de corte con unas palabras que siempre hemos suscrito todos los hijos de Eva, aunque, a decir verdad, sólo las han podido poner en práctica algunos afortunados:
“Huyan del demasiado trabajo del cuerpo e inquietud del espíritu; continúen la música, merecedora de no consentir intermisión; ocúpense en algunos desenfados y costumbres de la infancia, porque es imposible remozarse en el cuerpo, conservando la vejez en el ingenio…”.
Así cualquiera. No te joroba.



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