Te escribo para decirte que te añoro

ángelass

(10/1/2016) Se va Ángela Hernández Benito al país de los eméritos -léase, jubilados- y lo hace sin que le hayan otorgado la Medalla al Mérito en el Trabajo que tanto se merece y que pedí, hace tiempo, desde este mismo cuaderno.
Se va sin la medalla que se otorga a las personas en mérito a “una conducta útil y ejemplar en el desempeño de cualquier trabajo, profesión o servicio habitualmente ejercido” según rezan los estatutos del galardón. Y Ángela de méritos está más que sobrada.
Se va la “señora de la casa de Zorrilla”, la dama cercana y amable que recibía a todos y escuchaba a tantos. Incluso a tanto pedigüeño de favores como abundan en el campo de la cultura, terreno que ella ha cultivado con tanto esmero.
El pasado cuatro de Enero se despedía en la Casa Revilla de Valladolid, Ángela Hernández. Sé que a ella la hubiera gustado hacerlo en la Casa de Zorrilla, lugar desde el que ha sembrado la simiente de una cultura que ya da sus frutos en la villa que baña el Pisuerga. Pero el espacio era limitado para tanto amigo como se acercaba a su despedida.
-Señora concejala de cultura, ponga usted al frente de la casa a alguien que sea como ella- suplicó una señora en el acto de despedida.
Pero todos sabemos que no. Que es imposible reunir los dones y prendas que engalanan la personalidad de Ángela. Que eso es como pedir peras al olmo.
Pero allí estábamos para despedirla, sin halagos tóxicos que tanto abundan entre los escribas, con palabras cálidas y sentidas, salidas de lo más hondo, de las más entrañables querencias de quienes la hemos conocido y tratado durante estos años.
Presentaba su última obra “Te escribo para decirte que te odio” junto a Paz Altés, su inseparable amiga en los trabajos de la Casa, Isabel Cardoso, editora de su novela, el arquitecto Javier Blanco, su hija Eva Morena y la concejala de cultura del ayuntamiento, Ana Redondo.
Y la sala estaba abarrotada de amigos y compañeros prestos a gritar su admiración por la labor de esta mujer que ha hecho de la cultura un regalo con el que nos ha obsequiado desde el silencio y la cercanía.
“Cercanía” palabra que la define y que tan difícil es hallar en un mundo plagado de vanidosos y fatuos que sólo aspiran a poner distancia entre su mediocridad y el resto de los mortales para que nadie capte su insignificancia.
Uno, que es un tímido irredento, se quedó sin palabras para elogiar a la amiga con la que ha compartido momentos y pasiones literarias y quiere, desde este humilde cuaderno de bitácora, rendirle el homenaje que se merece.
Se va Ángela Hernández, mujer llena de vida que, en un cuerpo de apariencia frágil, encierra toda la energía del saber y la cultura.
Se va una mujer singular, con una biografía escrita desde la superación y el esfuerzo. Que la vida nunca fue un camino de rosas.
No ha sido fácil, no. Lo sabe mejor que nadie la mujer que fue niña en Bogajo y que ha dirigido la Casa de Zorrilla durante tantos años.
No es bueno empezar un año con una despedida, pero me consta que Ángela no se irá del todo. Sólo hay dos personas que vuelven al lugar de trabajo: quien lo ha padecido hasta el trauma y quien lo ha amado hasta el delirio.
Y Ángela ha amado su rincón en la Casa de Zorrilla. Nunca se irá del todo.
La edad, reloj de nuestro cuerpo, es lo de menos. Es, como dijo el financiero Bernard Baruch, “sólo un número, una cifra. Una persona no puede retirar su experiencia. Debe usarla”.
-El próximo año, celebraremos el bicentenario del nacimiento de José Zorrilla, esperamos seguir contando con tu experiencia y tu sabiduría- le dijo la concejala de cultura a Ángela, conocedora de que la experiencia es un tesoro que debe cultivarse en los mejores jardines.
“No hay jubilación para una artista. El arte es una forma de vida y como tal no tiene fin” dijo y con razón el escultor Henry Moore y Ángela es una artista de las letras que sabe muy bien que una “jubilación sin el amor de las letras es un entierro en vida” tal como sentenció Séneca.
La añoranza ha tomado asiento en la Casa de Zorrilla y ya nada será como antes.
Ángela: te escribo para decirte que te añoro.



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