Soria sorprende

 

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(23/8/2009) Dicen que la repetición, que es la madre de la ciencia, lo es también del aburrimiento. Eso dicen.
Por eso me encaminé a Soria a ver la XV Edición de Las Edades del Hombre con cierto temor a ver lo ya visto y, por lo tanto, a aburrirme sin remedio. El evento, que se halla en la concatedral de San Pedro, demuestra una vez más que la comunidad de Castilla y León tiene un potencial en arte religioso para hacer otras muchas ediciones sin que nadie deje de sorprenderse del arte que atesoran ciudades y pueblos -desde aquí sigo pidiendo una edición para la ciudad de Toro que tiene méritos más que sobrados desde cualquier punto de vista tanto artístico como histórico-. Pero Soria merece una visita no solamente para ver la exposición de las Edades, que ya sería suficiente motivo, sino para pasear la ciudad con la calma necesaria que requiere saborear sus muchos encantos. Es todo un acierto por parte del ayuntamiento la inclusión en el plano de la ciudad –ese plano que te ofrecen en cualquier oficina de turismo para que no te pierdas- de tres rutas turísticas para recorrer el casco urbano desde tres puntos de vista a cual más atractivos. Uno de ellos es el del arte románico que atesora, otro el del arte renacentista y palaciego y por último el de la Soria literaria que tanto debe a la figura del poeta sevillano Antonio Machado. No voy a cansarles con la nutrida enumeración de sus muchas iglesias ni sobre la solera de sus palacios renacentistas. Mejor acérquense hasta allí y compruébenlo con sus propios ojos. Pero me resisto a no hablarles de dos lugares que de alguna manera impactan al visitante por muy insensible que sea al arte o a la cultura literaria. Uno de ellos es la tumba de Leonor, mujer del poeta, a la que tanto amó y que perdió tan temprano; “cuando perdí a mi mujer, pensé pegarme un tiro”, le escribió al también poeta Juan Ramón Jiménez. La tumba se halla en el cementerio que lleva por nombre El Espino, situado en el punto más alto de la ciudad. Visitar la tumba de Leonor es acto obligado para todos, sean “machadianos” o no, desde que el poeta le escribiera a su amigo José María Palacios el 29 de abril de 1913  un poema que termina con la siguiente súplica:

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas
en una tarde azul , sube al Espino
al alto Espino donde está su tierra.

El otro punto emblemático de la ciudad es el templo de Santo Domingo. Decir que su pórtico es de los mejor conservados y de los más bellos de dicho estilo arquitectónico no es ninguna exageración. Puede uno pasarse horas y horas admirando embobado las cuatro arquivoltas con figuras ricamente labradas -impresionantes los veinticuatro ancianos tocando cada cual un instrumento musical- coronando un frontón con un pantocrátor excepcional; dicen los que saben de esto que sólo hay cinco ejemplares como este en todo el mundo (la iconografía se llama trinidad paternitas, porque en vez de la Virgen es el Padre el que tiene al hijo sobre sus rodillas).
No es de extrañar que Antonio Machado -con fama en la ciudad de “hereje y masón” como el mismo confesara- se acercara a dicho templo para acompañar a Leonor cuando las campanas repicaban a misa mayor y de ello diera testimonio en una de sus Canciones:

En Santo Domingo
la misa mayor.
Aunque me decían
hereje y masón,
rezando contigo,
¡cuánta devoción!

Y es que la belleza de esta iglesia, que no tiene parangón, merece una visita por sí misma independientemente de otras ofertas culturales de la ciudad de Soria. Que las tiene. ¡Vaya si las tiene!



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