Sobre olvidos, fraudes y enigmas

fraudes

(21/4/2013) Buen narrador es usted, señor Vargas Llosa. El sueño del celta demuestra con contundencia el dominio que tiene sobre el lenguaje y lo buen contador de historias que es usted. Chapeau. Lo hace tan bien que uno –egoísta irredento- piensa que debería contar historias del mundo hispano, por ejemplo, y dejar las del anglosajón para otros que de seguro lo harán y no tardando tanto. O lo han hecho. Que ellos de un rey que tartamudeó en su día, te hacen una película y ganan un Oscar.

Porque el imperio británico y sus secuelas están muy historiados ya, señor Mario, y no necesitan ayuda externa. Y el español no tanto. Que glosando a otro nobel se podría argumentar aquello de “el español no tiene quien le escriba”. O sea las gestas, derrotas, excelencias, hazañas y miserias del imperio español. Tan descuidado y tan falto de escribidores como usted y tan sobrado de “leyendas negras” como la que usted refleja en su libro sobre Roger Casement.

Leyenda negra sobre los belgas y más concretamente sobre su rey Leopoldo II. Leyenda negra sobre Julio C. Arana en la Amazonía, tan próxima al Perú, su patria.

Pero vuelva usted los ojos a lo hispano y cuente historias de aquí o de las américas, que las hay a cientos. Seguro.

Por ejemplo la de la ciudad de San Agustín en el estado norteamericano de Florida. Que da para más de un libro.

Porque sabrá usted que en ella se produjo el más rico de los mestizajes. Y que la colonización española promovió las alianzas con los indígenas y también con los negros. Dando como resultado una gran diversidad y todo un crisol de culturas entre españoles, irlandeses, portugueses, indios y africanos. Que lo dice el profesor de historia Michael Francis.

Y que cuenta, y habría que gritárselo a tanto difamador que anda por ahí suelto, que los primeros esclavos negros que lograron la libertad fueron los que llegaron a Florida para defender los intereses del rey de España, previa conversión al catolicismo. Que alguna exigencia o condición habría que ponerles, señor Nobel, a quienes suplicaban el don más sublime: la libertad.

Hago votos señor Llosa para que su pluma se adentre en historias sobre una colonización que tuvo sus excesos, como casi todas, pero que permitió que surgiera en pleno siglo XVIII la primera comunidad de negros, libre. Lo que no es moco de pavo y debería formar parte de alguna “leyenda blanca” de la que tan necesitados estamos ahora en plena crisis.

Venían los esclavos de Nueva York, Georgia, Carolina del Norte y del Sur a romper sus cadenas y luchar libremente en la milicia africana. Dicen.

Hagamos justicia a la historia ahora que se conmemora el quinto centenario de que Florida fuera avistada por primera vez por el español Juan Ponce de León. Que perdida la batalla de la imprenta va siendo hora de que empecemos a ganar la batalla de la historia con un nobel como usted, nacido en el Perú.

Y más ahora que sabemos que el nicaragüense Rubén Darío tenía razón cuando, en su Salutación del Optimista, dijo aquello de “ínclitas razas ubérrimas”. Forma un tanto complicada de hablar de lo excelso del mestizaje, de la fertilidad de las mezclas. Ya ve.

Que historia y fraude van de la mano, como usted sabrá señor Vargas. Que por no saber no sabemos a ciencia cierta si William Shakespeare, con casi veinte millones de entradas en el Google, fue el autor de la obra que se le atribuye. Él, de quien no se conservan ni cartas, ni obras escritas de su propio puño. Que lo dicen historiadores de la talla de Giles Milton y de Bastian Conrad.

Enigmas y fraudes literarios e históricos que habrá que esclarecer algún día. Como otros muchos. Que nos van vendiendo duros a cuatro pesetas desde que el mundo es mundo. Que ya va siendo hora de atajar tanta mentira y que por llegar habrá que llegar hasta al asesinato de Kennedy para saber de una vez qué rayos pasó en Dallas.

Enigmas o fraudes de la historia siempre contados y vendidos por manipuladores sin escrúpulos e interesados. Así que manos a la obra señor Vargas Llosa. Atrévase con tanto embuste y tanta mentira como nos han vendido. Que para eso tiene usted el don de la palabra y se le escucha y se le oye en cualquier foro, señor nobel.

Porque hay mucho corsario y enemigo que siguen manejando los hilos del pasado y del futuro.

Pasado y futuro que no son ya lo que eran, y necesitan, cada vez más, de valientes de la pluma como usted, señor académico de la Lengua. Letraherido y mestizo.



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