Sobre límites y rayas

límites

(30/01/2017) Acosados, como estamos, ante tanto famoso que crece y crece como la mala hierba, la noticia que difundieron los medios de comunicación, hace pocas fechas, resultó, hasta cierto punto, esclarecedora.

 Según los investigadores, que todo lo escudriñan y a todo llegan, “son famosos aquellos que, en febrero de 2016, tuvieron su biografía traducida a veinte idiomas en Wikipedia”.

 Muchos, que paseaban su fama por los tabloides de medio mundo, se han quedado de piedra. No están en tan selecto club. Les faltan traductores en la Wiki. Pena.

Era de esperar. Tras los límites que imponen las matemáticas -límite de Banach, límite de una red…-, la física -límite de Chandrasekhar, límite elástico…-, la astronomía -límite de Roche- y hasta la sexualidad -fronteras de una sesión de sadomasoquismo-, el “famoseo” como cualquier otra realidad exige sus límites.

 Cerrado el coto, de momento, habrá que esperar a otra fecha para incluir a los que pujan por entrar en el redil y dejar su huella en el paseo de la fama.

Los límites, como los números, nos sirven para entender una realidad vasta y caótica. Inabarcable. Los límites son útiles para entender un mundo cada vez más complicado e ingobernable, para poner luz ante tanta oscuridad.

 Pero, a veces, lo límites no están nada claros y hay quien se dedica a mover los mojones de la historia cada cierto tiempo, a pasarse de la raya, creando confusión.

Que se lo digan a Trump que quiere colocar mojoneras a lo largo de toda la frontera con Méjico para demarcar su territorio Wasp -blanco, anglosajón y protestante- o a la señora May que, sin terreno para colocar la valla, quiere alejar a los británicos, mar adentro, no sea que se contaminen con los Pigs.

Los límites, las fronteras, las rayas, siempre los marcaron el miedo a los godos, a los bárbaros, empeñados en auto-invitarse al opíparo banquete ajeno. Pero, pese a las precauciones, terminaron por irrumpir en Roma, porque “los límites como los miedos a menudo son solo una ilusión”.

¿Cuáles son los límites de la edad de la inocencia, por ejemplo?, ¿qué frontera marca el inicio de la perversidad entre los humanos?

 Difícil responder a una cuestión donde cada país marca sus propias reglas y donde la jurisprudencia está en constante cambio porque los asesinos y perversos cada vez son más jóvenes.

 Sabemos que en Argentina fluctúa entre los 7 y los 14 años y que en Estados Unidos lo habitual son los 10, aunque hay estados, como Carolina del Norte, que fijan el límite de la inocencia en los 7 años.

En España, la edad de la inocencia está en los 14 años, pero hay juristas que demandan los 12 para casos de homicidio y violencia.

“Lo siento mamá. Le disparé a Corbin” se excusó el niño de cinco años que mató a su hermanito.  Y los juristas comenzaron a revisar las leyes y los límites, a la baja.

Mientras escribo este artículo leo que el escritor brasileño Ryoki Inoue ha escrito 1.072 novelas que si no le han servido para ganar el Nobel de Literatura, sí le han servido para entrar en el Guinness de los récords (1993).

Nadie ha puesto límites a su exuberante creación. Como tampoco se los pusieron a Corín Tellado autora de unas 5.000 novelas y traducida a veintisiete idiomas. Corín Tellado, “reina de la novela rosa, emperatriz del romance  y faraona de la lágrima” es el autor, en español, más leído después del Quijote y la Biblia.

¿Estará la biografía de Ryoki traducida a veinte idiomas en la Wikipedia?, ¿y Corín Tellado?, ¿Está la de Juan Rulfo que con tan solo dos obras, “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”, alcanzó reconocimiento universal?

¡Hay que poner límites!, claman quienes se sienten amenazados por la riada que ya llegó.

Padres desesperados que no saben qué hacer con sus retoños, maestros que lloran en los retretes la burrada adolescente, internautas que reciben mensajes de violencia y odio en las redes…todos piden límites al maremoto que todo lo inunda. Fronteras a los que se pasan de la raya.

  Quieren controlar una realidad que ya les desbordó hace tiempo y en la que están a punto de ahogarse. Pero, ¿cómo ponerle puertas al campo? Pregunten a la Wiki.



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