Sobre expolios, desidias y americanos

erpa

(20/11/2010) Tendrán que ir a Boston. Si quieren ver la portada de la antigua parroquia de San Miguel, situada en la población de Uncastillo (Zaragoza), tendrán que ir a Boston.
Allí en su Museo de Bellas Artes se encuentra la hermosa portada románica que se vendió, en el primer tercio del siglo XX, por unas 800 pesetas. Había entonces hambre de pan y de dinero y las piedras de los monumentos, aunque no se comían, daban sabrosas pesetas. Que no sólo de pan vive el hombre ¡Ay!
Pero si debido a la crisis no pueden ir a Boston, y desean contemplar como era aquella puerta construida en el siglo XII, el taller de Cantería Olnasa de Uncastillo ha reproducido la portada románica que se llevaron los yankis. Que algo es algo. (Quien les escribe la ha contemplado en la Feria de la Restauración del Arte y del Patrimonio en su VII Edición en Valladolid).
Pero la original, la auténtica, la que vio desfilar bajo su arco el caudaloso río de la historia, está en Boston. Tan lejos de su mundo y de su siglo que uno se pregunta una y mil veces ¿qué pinta una portada románica en Boston?
Ya metidos en danza podemos seguir hablando de expolios.
La reja de la catedral de Valladolid, por poner otro ejemplo, está en el “Metropolitan Museum” de Nueva York. El cabildo falto de dinero la vendió a la Fundación Hearst en 1928.Y aunque aún no le ha llegado su réplica pétrea todo se andará que ahora todos tenemos muy mala conciencia sobre aquellos ultrajes. Realizada gracias a los dineros que aportaba la cartilla de las escuelas, también las de la América hispana (la venta de cartillas era privilegio exclusivo de la Catedral vallisoletana), la reja volvió a América como si ella y sólo ella fuera la encargada de saldar tan viejas deudas.
Y yo me sigo preguntando, sin obtener respuesta convincente, que qué narices pinta la reja de la catedral vallisoletana en Nueva York.
Colón descubrió América para que varios siglos después América descubriera Europa y se llevara, en sus lujosos trasatlánticos, nuestro oro particular: la piedra. Fue la venganza de la América rica. Los mercaderes instalados en el templo sin un dios que los expulsara a latigazos a tiempo. La pedrada que derribó a Moctezuma lanzada ahora contra el conquistador Cortés.
Pero no culpemos a nadie. Otros monumentos no encontraron americanos que los compraran ni cabildos catedralicios que los vendieran y se perdieron para siempre. No tuvieron su “Bienvenido Mister Marshall” ahora que Berlanga nos ha dejado, ni a su Lolita Sevilla que les cantara “os recibimos americanos con alegría”.
El monasterio cisterciense de Santa María de Moreruela en Zamora, por poner uno entre tantos ejemplos, no tuvo comprador ni vendedor. Su claustro se perdió para siempre. Ni en Boston, ni en Nueva York hay rastro de su existencia. ¡Qué pena!
Cuando no fue el expolio (que al fin y al cabo puede llegar a tener remedio si algún día se devuelven las obras) fue, ha sido y es la desidia, el abandono, el mirar hacia otro lado. El “garruleo” de no valorar otra cosa que no fueran reales o pesetas. La negligencia, la apatía, el desinterés hacia el patrimonio. La incuria.
Que nadie piense que aquellos tiempos se fueron. La desidia tiene los brazos muy largos y sigue extendiendo sus tentáculos por el patrimonio y la cultura.
No me tiren de la lengua.

Ya cerrado este artículo leo en un diario que la Universidad de Yale devolverá a Perú más de 46.000 piezas de Machu Pichu que tenía en su poder desde 1912.

Lo ven. El expolio puede tener remedio. La desidia, no.

 REJA DE LA CATEDRAL VALLISOLETANA

 



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