Semblanzas en la niebla

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(10/6/2014) Pongamos que lo escribo en estos términos.

 Un importante actor de cine (1), hijo de la escritora Jennifer Lash, y nominado dos veces al Oscar por su actuación en La lista de Schindler y en El paciente inglés, se coloca por segunda vez detrás de la cámara para dirigir La mujer invisible, novela escrita por Claire Tomalin que bucea en los amores entre el famoso marido (2) de Catherine Hogarth y la joven actriz Nelly Ternan.

 Supongamos que sigo relatando la biografía de esta mujer. De Nelly.

 Ellen Lawless Ternan que adoptó el nombre artístico de Nelly Ternan  se enamoró a los 18 años del marido de Catherine, que contaba por entonces 45 y era un novelista reconocido en todo el mundo.

  Continúo.

 Nelly era hija de Frances Jarman, importante actriz del teatro inglés que encarnó a importantes personajes y que tuvo que enfrentarse a la temprana muerte de su esposo y a un duro trabajo como actriz  para poder sacar adelante a sus tres hijas.  Pero volvamos a Nelly Ternan.

  Muerto su amante, el escritor, Nelly contraerá matrimonio y será maestra de escuela junto a su esposo (3) en la población de Margate (Condado de Kent, Inglaterra).

 Nelly Robinson -que ese fue su nombre de casada- la mujer invisible de Claireserá madre de dos hijos, Geoffrey y Gladys, y morirá en 1914 a los setenta y cinco años de edad.

 Si llegado a este punto usted no ubica en el tiempo histórico ni en el espacio geográfico a Nelly ni a ninguna de las otras mujeres, no se deprima. Es normal.

Otro ejemplo.

 El famoso poeta, dramaturgo, narrador y ensayista austríaco (4), hijo de Anna Fohleutner y marido de Gertrud Schlesinger, escribió para un importante músico bávaro (5), casado con la soprano Pauline de Ahna, la mujer sin sombra obra que incluye en su trama a distintos personajes femeninos: una emperatriz, una tintorera, una nodriza…

 El marido de Pauline (5) colaboró también con otro importante escritor (6) -hijo de Ida Brettauer Zweig casado en primeras nupcias con Friderike Maria Zweig, escritora, periodista, profesora y traductora- para que le escribiera el libreto de  La mujer silenciosa, una de sus óperas menos exitosas.

 ¿Qué no se entera? Tranquilo, es bastante normal.

 No olvide amable lector que estamos hablando de mujeres invisibles, sin sombra, silenciosas.

Pero les daré alguna pista para que puedan reconocer estas semblanzas en la niebla. Un breve y eficaz solucionario:

(1) = Ralph Fiennes.

(2) = Charles Dickens.

(3) = George Robinson.

(4) = Hugo Von Hofmannsthal.

(5) = Richard Strauss.

(6) = Stefan Zweig.

 Si ahora lo tiene más claro piense que su éxito como sabueso descifrador de biografías no está como para tirar cohetes.

La invisibilidad de las mujeres a lo largo del tiempo es de tal calibre que necesita de historiadores armados de herramientas arqueológicas para recomponer su esqueleto biográfico.

Solamente aquellas que añadieron a su nombre el apósito de “mujer de”, “esposa de”, “hermana de”, “amante de”, como vimos en las mujeres anteriores, pueden salir a flote del abismo de silencio en el que les ha sumergido la historia.

 Para el resto, para la inmensa mayoría de las mujeres sólo nos queda decir que su silencio se clava como un grito en la conciencia de quienes las acallaron y las ningunearon.

 Aclarados los términos vean y juzguen La mujer invisible de Ralph Fiennes -interpretada por la actriz Felicity Jones- y acudan cuando puedan a la representación operística de La mujer sin sombra de Richard Strauss.

 Mientras tanto lean El vagón de las mujeres de Anita Nair. Posiblemente entenderán el porqué de ese largo silencio, de esa larga sombra. De la fulgente invisibilidad de las mujeres.



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