“Punto de mira” La novela

PUNTO-DE-MIRA

(20/5/2014) Presentar un libro es un acto que implica cierto coraje, cierto atrevimiento. Es pensar que uno ha escrito algo que merece la pena que otros conozcan. Pensar que a alguien le interesan nuestras divagaciones mentales, físicas o metafísicas. Lo que es mucho pensar.

 Pero hay que hacerlo. Tengo que hacerlo antes de que Bartleby y su síndrome colonicen mi voluntad.

 Así que pasen tres días y el calendario nos indique que es el día de San Desiderio, o sea 23 de mayo, presentaré mi novela “Punto de Mira” a todos aquellos que se acerque al hotel “Marqués de la Ensenada” de la ciudad del Pisuerga.

 La novela, protagonizada por un ilustrado que ha trabajado en el Canal de Castilla, no podía encontrar un marco más idóneo para ser presentada en sociedad. Para vestirse de largo.

 Si don Zenón de Somodevilla y Bengoechea- más conocido como Marqués de la Ensenada y hombre todopoderoso en el reinado de Fernando VI – levantara la cabeza estaría orgulloso del hotel que lleva su nombre. ¡Vaya que sí!

 Situado en lo que fuera la antigua fábrica de harinas “La Perla”, molino que aprovechaba la fuerza suicida de las aguas del Canal de Castilla arrojándose al Pisuerga, el hotel es un hermoso canto a la Ilustración y a lo que representó para el mundo el siglo de las luces.

 “La ilustración es la salida del hombre de la minoría de edad causada por él mismo. La minoría de edad es la incapacidad para servirse del propio entendimiento sin la guía de otro. Esa minoría de edad es causada por el hombre mismo cuando la causa de esta no radica en una carencia del entendimiento, sino en una falta de decisión y arrojo para servirse del propio entendimiento sin la dirección  de algún otro. ¡Sapere aude!¡Ten valentía para servirte de tu propio entendimiento! Esta es la consigna de la ilustración”.

Frases de Immanuel Kant que uno encuentra en su interior y que le envuelven y le transportan a un pasado y a un siglo que revolucionaron el pensamiento y la vida del hombre.

 Entrar en el Hotel “Marqués de la Ensenada” es como toparse con los fantasmas de Antonio de Ulloa, de Carlos Lemaur y de tantos soñadores que lucharon por conseguir un país moderno y avanzado construyendo caminos de progreso por el que pudieran circular los carros de la razón y de las luces. Y una de esos caminos fue el Canal de Castilla.

 Y uno recuerda a Esquilache y su vano intento de ponernos a la moda, a Pablo de Olavide que para Voltaire era “el español que sabe pensar”, al Padre Feijoo y sus “Cartas eruditas y curiosas”, a Cabarrús, Cadalso, Campomanes, Jovellanos  y tantos otros que lucharon contra los vientos de la superstición, la irracionalidad y el fanatismo que peinaban el siglo.

 Y del padre Isla y su “Fray Gerundio de Campazas alias Zotes”, obra con la que el jesuita logró un milagro editorial que pudo encabezar la lista de los superventas: los 1500 ejemplares de la primera edición se agotaron en tres días.

 De esto y de mucho más se habla en “Punto de mira” novela que intenta reflejar la manipulación  que, por parte de los distintos poderes sufrió la población del setecientos y las dificultades que encontraron  quienes no se sometieron a las férreas normas que regían las manifestaciones de la vida social.

Contra el oscurantismo y el atraso secular que preñaban el siglo se alzaron voces luchando para que “las luces” llegaran  a todas las poblaciones del reino. Pero fueron voces muy lejanas, sobre todo  para el mundo rural.

 Porque como muy bien apunta el historiador  Carlos Martínez Shaw, “las Luces fueran patrimonio de una elite, de intelectuales, mientras la mayor parte de la población seguía moviéndose en un horizonte caracterizado por el atraso económico, la desigualdad social, el analfabetismo y el imperio de la religión tradicional”.

 “Punto de mira”, la novela en la que hasta el narrador terminará estando en el punto de mira del lector y éste, movido por prejuicios y oscuras motivaciones, en el de su propia conciencia.

 “Punto de mira” la novela que presentaré el próximo 23 de mayo y que sueña ver su primera edición agotada en tres días.  Como el “Fray Gerundio de Campazas”.

Por soñar que no quede.



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