Plumas como espada

diatriba

(10/5/2012) ¡¡Y tú más!! Grito de guerra entre escritores que por envidia, celos y diferencias de vete a saber tú qué signo, se la tenían jurada. La pluma como espada para dirimir duelos de letras. ¡¡¡Y tú más!!!
Vean por ejemplo a dos de nuestros grandes. A Lope de Vega que, sin sonrojarse siquiera, le lanza a Cervantes la siguiente misiva: “de poetas, muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote”, a lo que Cervantes, en estrofa atribuida, le responderá:
“Hermano Lope, bórrame el soné— /de versos de Ariosto y Garcila—,/ y la Biblia no tomes en la ma—, pues nunca de la Biblia dices le—”.
También Baltasar Gracián en su Agudeza y Arte de Ingenio manifestó sin que se le moviera el flequillo: “no encuentra un solo rasgo ingenioso del Quijote digno de ser citado”. Y fuera de nuestros lares el “enfant terrible” Martin Amis, escribió sin pestañear: “La lectura de El Quijote puede compararse con la visita por tiempo indefinido del más inaguantable de tus parientes viejos, con sus bromas, sus sucios hábitos, sus reminiscencias imparables y sus espantosos amigotes”.
Féliz María Samaniego y su alter ego en fábulas, Tomás de Iriarte, también anduvieron a bastonazos literarios hasta el punto que su enemistad llenó y sigue llenando muchas páginas. Y todo porque Iriarte afirmó en el prólogo de sus fábulas que las suyas eran “las primeras fábulas originales en lengua castellana”. Lo que no gustó, nada de nada, al autor nacido en Laguardia.
También hubo líos, y no precisamente de faldas, entre doña Emilia Pardo Bazán y Leopoldo Alas Clarín. ¿Causa? la escritora gallega pensaba que el zamorano no había apoyado, con la suficiente energía, la entrada, en la Real Academia Española, de su gran amor, Galdós. Cosas.
Enemistades sonadas que, en ocasiones, se han convertido en todo un género literario para goce y disfrute de quienes escudriñan en sesudas tesis doctorales hasta de qué lado dormían y duermen los grandes de la literatura:
“Distingo entre narradores e intelectuales, y otros que ni son narradores ni intelectuales, que solo escriben pura cháchara y retórica, como Camilo José Cela, que es un plúmbeo”.(Juan Marsé).
“(Pablo Neruda) Escribe una poesía fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero. Es la poesía especial para todas las tontas de América”. (Vicente Huidobro)

“Pablo Neruda es el poeta de lo turbio y lo pegajoso y lo vago y lo agonizante del ser, el poeta de la decadencia burguesa, el poeta de los fermentos y los estercoleros del espíritu y la literatura, en donde reside un clima de glucosa, tibio, venenoso, neutro, de estufa, y un olor a clínica psicológica”. (Pablo de Rokha)

“…me ladró Teodorico/ y me mordió Ruibarbo/ (…) Se irguieron amenazantes/ contra mi poesía, /con ganchos, con cuchillos,/ con alicates negros..”. (Pablo Neruda. Fragmento de Oda a la envidia, 1954)

En el mundo literario, como en la vida, la enemistad siempre resultó atractiva. Y el buenismo, ni entonces ni ahora ha vendido lo suficiente como para merecer la atención de ningún estudioso. Así somos.
Y qué decir de los insultos más o menos rotundos que huyen de cualquier perífrasis literaria. Vean.
Rafael Alberti llamaba “Federica” a Federico García Lorca; Clarín llamó “puta” a la Pardo Bazán cuando se cansó de sus ataques desmedidos y Quevedo decía de don Luis de Góngora y Argote que “pecaba con todo el cuerpo” y que para que no pudiera comer sus versos, los untaría “con tocino” , aludiendo a que, al ser el cordobés cristiano nuevo, no probaría carne de cerdo por prohibirlo el Talmud:
“Yo te untaré mis obras con tocino/ Porque no me las muerdas, Gongorilla,/ Perro de los ingenios de Castilla,/ Docto en pullas, cual mozo de camino…”. (Quevedo en alusión a Góngora)
Roberto Bolaño no se cortó un pelo cuando escribió “como poeta sería maricón o si acaso loca, como Whitman y Blake. Neruda y Paz, en cambio, son maricas”. O cuando cuestionó la pertenencia de Pérez Reverte a la RAE: “No está Marsé, ni Juan Goytisolo, ni Eduardo Mendoza… no recuerdo si está Álvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez Reverte. Bueno, también está Paulo Coelho en la Academia brasileña”. O como cuando opinó sobre Cela y Umbral: “Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni Umbral. Sí leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en ningún modo a Cela y a Umbral. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura”.
El escritor chileno, que no dejaba títere con cabeza cuando escribía sobre alguno de los de su oficio, le lanzó este exabrupto a Isabel Allende: “Me parece una mala escritora simple y llanamente. Ni siquiera creo que sea escritora, es una escribidora”; a lo que, en lógica defensa, Isabel manifestó años más tarde: “Bolaño hablaba mal de todo el mundo. Era una persona extraordinariamente conflictiva que nunca dijo nada bueno de nadie… Es un buen escritor que desgraciadamente murió, pero eso lo hace mejor persona”.
Pero volvamos, para terminar, a las sibilinas y envenenadas agudezas literarias de nuestros clásicos:
“Dicen que ha hecho Lopico/ contra mi versos adversos;/ mas si yo vuelvo mi pico,/ con el pico de mis versos/ a este Lopico lo-pico”. (Góngora a Lope de Vega).
“…éste, en quien hoy los pedos son sirenas,/ éste es el culo, en Góngora y en culto,/ que un bujarrón le conociera apenas”. (Lope de Vega contra don Luis de Góngora)
Y dejemos más “puñaladas” para otro artículo. Que este ya va sobrado de puyas y estocadas.



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