Pasa el verano

veranos

(10/09/2019) Pasa el verano dejando a su paso un regusto de pasodobles y charanga, de calores y chiringuitos, de patrones y patronas, de santos y vírgenes: la virgen de agosto, la virgen de septiembre… Pasa el verano con los mismos festejos de siempre, las mismas comilonas, los mismos encierros, las mismas verbenas, las mismas peñas, las mismas romerías…

 Leo todos los programas de fiesta que caen en mis manos y me parece estar leyendo el mismo programa de fiestas, el mismo calendario de actos. Un programa de fiestas universal que parece llenar los veranos del hombre desde la prehistoria…

 La misma astracanada, los mismos excesos, el mismo programa de actos, los mismos pregones emotivos, los mismos programas de feria “lo más atractivos e integradores posibles”, que dicen y repiten los alcaldes, todos los alcaldes… Con chupinazos de entrada y fuegos artificiales de salida, con discomovidas jaraneras y cantantes mediocres a los que pagamos unos cachés que escandalizarían a un banquero suizo…

 Todo girando alrededor del estómago: parrillada, salchichada, chorizada, pancetada, degustación de garbanzos con callos, sopas de ajo, paella, tortilla de patata, sardiñada, chocolatada, churrascada, pimentada…y del toro: encierro del toro-torre, encierro del toro enmaromado, del toro ratón, del toro del verdejo, del toro de fuego, del toro de la peña, del toro de la bazanca, del toro del cajón…

 Y concursos, muchos concursos: concurso del porrón con limonada, del vermut flamenco, de pinchos, de belleza canina, de bofetadas, de cortes, de chistes, de charangas, de eructos, de feos, de guantazos, de fotos, de hamburguesas, de habaneras, de jotas, de karaoke, de ovejas, de paellas, de pintura, de poesía, de quitarse la ropa, de quesos, de relatos, de recortes, de risa, de silbidos, de salsa, de sevillanas, de tatuajes, de uñas, de ranas, de volteretas, de vómitos, de cachetadas…

 Con las mismas camisetas todos, aunque serigrafiadas para ser distintos del pueblo de al lado, para lucir identidad, conciencia histórica, pertenencia a la tribu, diferencia… Con la misma cazuela gigante que mueve una grúa o se transporta en remolque para hacer la paella más grande jamás contada que pueda alcanzar el soñado Guinness, con el mismo vermut pachanguero, con la misma romería a la ermita para almorzar panceta y huevos fritos…

 Pasa el verano, el eterno verano con sus fiestas gastronómicas, con sus batallas campales (de vino, de tomates, de queso…), con sus festivales, con sus fiestas de interés turístico nacional, con sus miles de raciones de paella repartidas en la carpa y regadas con tinto de verano y música, con sus fiestas de la empanada y sus fiestas del cocido, con sus fiestas del percebe y sus fiestas del vino.

 España bárbara y glotona donde el comer, el papear, el tripear, se convierte en religión, donde no hay tapa sin tortilla y donde una ardilla podría cruzar sus pueblos de norte a sur sin bajarse de una fiesta gastronómica.

 España laica que utiliza términos sagrados para llevarlos al mundo del papeo, que aquí se ha pasado mucho hambre y hay que ser comprensivos. Y donde antes se hablaba de la fiesta de la Exaltación de la Cruz se habla ahora de la fiesta de la exaltación del pan, de la fiesta de la exaltación del cangrejo de río, de la fiesta de la exaltación de la verdura, de la exaltación del cochinillo, de la exaltación del marisco… Y si los callos con garbanzos fue una fiesta religiosa del siglo XVII donde se repartía dicho condumio entre los pobres de Dios, ahora el alcalde, en una versión moderna de los panes y los peces, reparte miles de raciones a los muchos vecinos que se juntan en la carpa.

 Tomad y comed, esta es mi fiesta, dice cualquier alcalde de España que es el alcalde de todos los veranos y todo el mundo se lanza hacia el condumio municipal como si fuera el último día y mañana tocara el Apocalipsis.

 Pasa el verano dejando a su paso un regusto de pasodobles y charanga, de calores y chiringuitos, de patrones y patronas, de santos y vírgenes: la virgen de agosto, la virgen de septiembre… Pasa el verano con los mismos festejos de siempre, las mismas comilonas, los mismos encierros, las mismas verbenas, las mismas peñas, las mismas romerías…

 Pero esto ya lo dije. ¡Claro!

 Pero es que estoy en verano, en el verano de siempre, donde todo se repite hasta la náusea y he entrado en un bucle del que me resulta imposible salir.

  Pasa el verano dejando a su paso un regusto de pasodobles y charanga, de calores y chiringuitos…



Los comentarios están cerrados.