Morbo

(20/10/2009) Viene todo a cuento por las conclusiones que ha sacado la genealogista Megan Smolenyak sobre uno de los antepasados de la primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama. Los titulares, sensacionalistas como suelen, lo anunciaban a bombo y platillo en estos términos: “La tatarabuela de Michelle Obama era una esclava valorada en 475 dólares”. Y puse más arriba “uno de los antepasados” con toda la intención del mundo, pues que yo sepa en la existencia de cada hijo de vecino han debido intervenir dos abuelas (voy a hablar sólo de los genes femeninos para no liar al personal lector), cuatro bisabuelas y ocho tatarabuelas. El titular habla de “la tatarabuela” como si sólo fuera una y olvida a las demás. ¿Qué pasó con las otras siete tatarabuelas de Michelle Obama? Pues mira tú por donde con ellas no pasa nada (“pasa”, en presente, que no quiere decir que no pasara nada). Al parecer, no fueron esclavas y, por lo tanto, no interesan. Así de claro. No venden, por emplear un término económico que en estos tiempos nos esclaviza a todos.
Vende el contraste, el morbo de conocer que la primera dama del país más poderoso del mundo tuvo una tatarabuela esclava, valorada en 475 dólares, embarazada con 15 años de su primer hijo y probablemente violada (¡Madre!¡y aún hay quien defiende que cualquier tiempo pasado fue mejor!).
Pues como les iba diciendo, si nos alejamos en la memoria hasta llegar al genoma de los tatarabuelos estamos hablando de dieciséis personas (incluyendo a los hombres, claro) y hemos de reconocer que, entre tanto antepasado, cualquiera  podría poner un punto de morbo a nuestra, por lo demás, nada interesante biografía. Cojan ustedes dieciséis personas al azar y verán como se encuentran de todo. Como en botica.
Y si se sumergen en los años en los que vivieron (las tatarabuelas quiero decir) y si, para más inri,  su condición social fue la de ser pobres y por lo tanto criadas de los ricos desde la niñez (y criadas quiere decir eso, que se criaban en su casa) pues estaremos ante una probabilidad muy alta de abusos, vejaciones y violaciones. Que así se ha escrito la historia genética de todos nosotros y no sólo la de Michelle.
Pero ni usted ni yo somos Michelle Obama y esto no le interesará a nadie. Menos mal. De lo contrario iba usted a saber…Y yo.
Miguel de Cervantes en su obra La Entretenida dejó escrita esta cruda reflexión: 

Tristes las mozas
a  quien trajo el cielo
por casas ajenas
a  servir a dueños;
que entre mil, no salen
cuatro apenas buenos;
que los más son torpes
y de antojos feos

   “Y de antojos feos”. En fin que, como dice un amigo mío, sobre los antepasados lejanos mejor no hablar y menos investigar pues tendríamos que hacernos la prueba del ADN para esclarecer paternidades más que dudosas y la cola ante el laboratorio sería más larga que la del paro, que ya es decir.
Los árboles genealógicos, y más los de quienes se creen importantes, están llenos de ramas postizas y bastardas que truecan aristócratas por jardineros a nada que aquellos se asomaban a la guerra y estos al rosal. Es la condición humana.
  



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