Los desconectados

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(10/02/2017) No se los ve, pero algunos aseguran que los desconectados existen, o como diría un gallego “haberlos haylos”.

Los desenchufados de internet, esas personas que hacen cada mañana un corte de mangas a la hiperconectividad que nos atrapa y, aparcando lo virtual, se empeñan en vivir los real, existen. ¡Aleluya!

 Pero, ¿será cierto o es otra forma de andar a la moda, de llevar la contraria, de presumir de algo? Como aquellos que, por poner un ejemplo que todos entiendan, presumen de ver solamente la segunda cadena de televisión, para dárselas de cultos y leídos. Nunca lo sabremos del todo.

Pero sí, “haberlos haylos”.

Dicen los muy informados que cada vez hay más urbanitas que demuestran que hay vida más allá de las redes sociales. Personas que desenchufan el cable que les ata como a reses –las “reses sociales”- a los buscadores y a los enlaces.

Havas Media, uno de los mayores grupos de publicidad y comunicación -grupos que son el oráculo de Delfos de los nuevos tiempos- reveló que, en una encuesta llevada a cabo en Francia hace cuatro años, casi el 20% de la población vive desconectada de forma voluntaria.

 Luego estarán, supongo, los desconectados de forma involuntaria, los tipos que habrán ido a psicoterapia para tratar su adicción a las redes sociales, tras constatar que están perdiéndose la vida de verdad, esa que transcurre fuera de la pantalla y que siempre fue demasiado corta, según dicen los más viejos.

Enric Puig Punyet, autor de “La gran adicción. Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo” ha manifestado:

Sentía que Internet me estaba esclavizando, que era una relación parasitaria que afectaba a mi dinámica familiar”.

¿Estamos ante una nueva tribu urbana?, ¿son los desconectados los hippis de los nuevos tiempos que buscan beber en las fuentes de la realidad y proclaman el “seso libre”? Sí, “seso”, o sea capacidad para pensar y juzgar con cordura y sensatez, sin estar condicionado por los medios que nos inundan, nos dirigen y nos controlan.

La nueva red ya no es una herramienta al servicio de la humanidad, sino un sistema que pone a la humanidad a su servicio”, sigue diciéndonos Enric, en tono apocalíptico por si alguno, a estas alturas del artículo, aún  tiene alguna duda.

 La comuna de los nuevos hippies, de los raritos que siempre hubo, busca la conversación cara a cara, lo auténtico y natural, los olores y sabores de siempre. Y el tacto, sobre todo el tacto.

Porque ya nadie se toca ni se abraza y hay que poner un “Día del abrazo”, como hay un “Día de la Paz”, para que el mundo recuerde qué era aquello de abrazarse antes de que, a punto de desaparecer y ya en derrumbe, lo declaren bien de interés cultural.

 Los institutos y las escuelas se están sumando a la moda y ya son muchos los que prohíben el móvil en clase porque su ausencia, dicen, mejora las notas hasta un seis por ciento. Que hay cálculos para todo, como ustedes pueden ver.

-Oiga, profe, yo quiero que mi hijo esté conectado. No quiero que sea un cibergarrulo.

Y los profes dicen que sí, que muy bien, pero que entonces tendrá que firmar un documento “sobre asunción de responsabilidades  en el uso de ordenadores, móviles y redes sociales” y que les han de dar permiso para incautar el aparato cuando, a lo Sherlock Holmes, detecten que alguien ha encendido el móvil sin autorización o para practicar el “cyber-acoso”.

-¡La seguridad del cole, está en peligro  y el derecho al honor y a la intimidad de cualquier miembro de la comunidad educativa, también! Claman los docentes y algunos más que otros temerosos de que alguien demuestre en las redes su incompetencia docente.

 Estos problemas, señores maestros, solo se solucionarán aislando la “competencia digital” e introduciendo una nueva asignatura en el currículo: “Educación para la  desconexión de Internet”.

 Una nueva asignatura a sumar a “Educación vial”, “educación para la igualdad” “educación para la salud”, “educación para la ciudadanía”, etc. ¡Será por asignaturas!

 Y es que todo tiene que hacerse desde la escuela. Todo menos pagar dignamente a los maestros.

-¡Que eduquen ellos! -claman los padres desde las barricadas, incapaces de desconectar a la prole.



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