Líos callejeros

callejeros

(20/7/2015) Pasear la ciudad cuando llega el verano es uno de los placeres más baratos a los que podemos asistir quienes, por distintos motivos, nos resistimos a la dictadura que imponen, desde enormes cristaleras llenas de anuncios, las agencias de viaje: apartamentos junto al mar, playas en el paraíso, cruceros por los mares del Sur…
Paseo la ciudad y reflexiono sobre la vida, sobre la condición humana, sobre la futilidad de la existencia, que el mucho pasear es la mejor manera de pensar para el nómada que todos llevamos dentro. Y cansado de pensar en lo mismo, harto de ser filósofo, cambio de tema -en el mero cambio suele estar el descanso- y me fijo en el nombre de las calles, avenidas y plazas que paseo, recordando el problema de los nuevos alcaldes que, en una tarea siempre inconclusa, iniciada por quienes les precedieron, han de quitar del callejero el nombre de personajes, fechas y acontecimientos que recuerden antiguos odios y viejos enfrentamiento entre los ciudadanos. De próceres, que fueron personas de alta distinción social para unos y unos canallas para otros, de fechas y batallas que han de salir del callejero. Que a esto es a lo que lleva el “gerracivilismo”.
Retirados los abuelos cebolleta que pelearon en viejas batallas, descartados los espadones y sus secuaces ¿qué hacemos?, ¿poner el nombre de personajes del mundo de la ciencia, el arte y la cultura? Pues tampoco.
De todos es sabido que no hay biografía de cualquier “grande” que resista un análisis profundo que escarbe en su intimidad. Al final se descubren miserias que oxidan los brillos y oropeles con los que se rodeó y ocultó el personaje. Aparece su lado oscuro y todo se va al traste. Por eso mejor no poner nombres de “grandes y afamados hijos” de la patria. Antes o después todos defraudan.
Más adelante, en mi paseo mañanero me topo con la Calle de la Niña Guapa y aunque en un principio me parece un bello nombre que podría tomarse como ejemplo a imitar, reflexiono y concluyo que sí, que es un bello nombre pero que no sería aconsejable seguir por ese camino de alabar la belleza física de las mortales. ¿Qué dirán las feministas de tamaño machismo que osa poner los atributos físicos de la mujer olvidando los de su inteligencia? ¿Por qué no Calle de la Niña Inteligente, dirán?
Desestimo por tanto nombres como Niña Guapa, Mujer Hermosa, Hombre Apolíneo, Joven Atractivo y otros por el estilo que podrían llenar el callejero de alguna barriada una vez borrados los de los enfrentamientos.
Sigo paseando, pensando en estos y otros temas y me encuentro, de repente, frente a la Calle Héroes de Alcántara, soldados que murieron heroicamente mientras cubrían la retirada de sus compañeros en lo que la historia conoce como “el desastre de Annual”, y que ha sustituido a la Calle Héroes del Alcázar, que también resistieron con heroísmo en el Alcázar de Toledo el continuo bombardeo de los republicanos durante la última guerra civil española.
Unos héroes han sustituido a otros, que no es lo mismo morir frente a un ejército extranjero que hacerlo frente a un ejército nacional y hay que evitar divisiones entre hermanos, dicen.
¿Y si se ponen nombres de santos o personajes ligados a nuestra religión católica?
Si las calles con próceres y batallas llegan a dividir al ciudadano no digamos el nombre de santos o monasterios que pueblan el callejero. Ocurrirá con el tiempo que quienes no practican la religión propia verán herida su sensibilidad y exigirán que los quiten o que se añadan los de la suya, pongamos Calle Buda, Calle Torá, Calle Corán etc. Sería como salir de Málaga para caer en Malagón.
Por eso uno, en su ignorancia, piensa que podrían evitarse estos y otros disgustos si, lejos de nombrar las calles con los nombres de los “importantes” en cualquier oficio, disciplina o religión se optara por poner el nombre de los oficios.
Mejor oficios, como antaño: calle de Olleros (los que hacían cacharros de barro), calle de alabarderos, calle de los plateros, etc.; y que hoy podrían ser: calle de los maestros, calle de los informáticos, calle de los médicos, calle de los albañiles, calle de los fontaneros…
Pero pensándolo mejor, esta tampoco sería una buena idea. Más de uno no estaría de acuerdo, por aquello de los agravios comparativos, con la calle que le ha tocado representar a su gremio. Aunque las comparaciones siempre fueron odiosas en este caso podría estar justificado el odio porque no es lo mismo que tu oficio dé nombre a la arbolada y suntuosa avenida principal -digamos el Paseo Zorrilla- que se lo dé a la calle sin asfaltar y edificios derruidos de las afueras,
Y pensando en estas cosas me topo con la Calle Trabajo. Así, como les digo. Y me parece un nombre acertado, una forma de dar con la llave que cierre viejas costumbres que dividen el recuerdo y amargan la memoria.
Sugiero que junto a la calle Trabajo, figure calles con estos nombres: Paz, Generosidad, Honradez, Libertad, Verdad, Dignidad, Esfuerzo, Honestidad, Tolerancia, Decencia, Compasión, Servicio, Respeto, Puntualidad, Responsabilidad, Paciencia, Amistad, Amor, Agradecimiento, Lealtad, Solidaridad, Justicia, etc., etc…
Esos nombres que pueblan el Diccionario de las Palabras Olvidadas.



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