La extrañeza perdida

Banksy mural

(10/3/2015) Hay expresiones y palabras que tienen los días contados. El viento de los tiempos tecnológicos, los avatares de la modernidad, la digitalización que nos inunda, las están expulsando con premura e inclemencia al diccionario de las palabras perdidas. Una de ellas es “extrañar”.
Si nos acercamos a lo que dice la Real Academia Española sobre dicho término vemos que, en su cuarta acepción, “extrañar” es verbo transitivo que significa “echar de menos a alguien o algo, sentir su falta”. Y, para que quede claro, la academia, tan didáctica ella, nos aporta un ejemplo que completa la definición aludida: “Lloraba el niño extrañando a sus padres”.
Y sí. Hace años era fácil conjugar el verbo extrañar. La distancia y el tiempo que separaban a personas que se querían o simplemente se conocían, hacían que se extrañara su risa, su voz, su rostro. “Te extraño tanto” concluían muchas de las cartas que se enviaban quienes mantenían el único contacto posible en aquellos años. También los que lo hacían por teléfono y sólo disponían de la voz que llegaba desde tan lejos. Te extraño tanto.
Pero hoy son tantos los artilugios que envían voz e imagen a cualquiera -incluso a quienes apenas te conocen y ni saben de tu existencia- que resulta extraño conjugar el verbo extrañar (y que valga la redundancia).
Mi prima, que vive en California, ya no extraña su pueblo, que es el mío, como antes. Un tecnológico vecino recorre en moto sus calles y, tras grabarlas con la cámara que lleva incorporada al casco, las cuelga de inmediato en Facebook.
-Oye pásate por mi calle que quiero ver la casa donde nací -escribe en Facebook.
-¿Dónde está tu casa?- pregunta el motorista.
-En la calle Ancha- responde mi prima, de inmediato, desde Palo Alto.
Et voilá, que dicen los franceses. Mi prima ve a golpe de clic si a su casa la afectaron las últimas lluvias o si necesita un arreglo de fachada.
Y así no hay quien extrañe nada, ni niño que llore porque extrañe a sus padres como dice la RAE. Para eso está el Skype, o el móvil, o la tableta. Que si el niño hace un Erasmus en las antípodas no pasa nada. Cada noche puedes acercarte hasta su cuarto para ver si te ha comido la criatura, que hay que ver lo delgado que se quedó el angelito cuando se iba tan lejos. ¡A ver si me comes!
Tampoco la primera acepción del término va a tener la vigencia que tuvo en otro tiempo porque extrañar como “destierro que se sufre a un país extranjero” ya no asusta a nadie. Son tan parecidos los países en esta aldea global que las diferencias culturales hay que buscarlas con lupa.
¿Y qué me dicen de la segunda acepción, esa que define extrañar como “ver u oír con admiración o extrañeza algo”? Pues que la capacidad de extrañarse y de sorprenderse ante algo es cada vez más difícil de lograr. ¿Cómo extrañarse al ver in situ las cataratas del Niágara cuando antes de hacer el viaje visualizas los miles de vídeos que en internet te las muestras en cualquier época del año y desde todos los ángulos?
Si como leo en una revista “cada día se publican unas cien horas de vídeo por minuto en youtube” resultará cada vez más difícil encontrar algo que extrañar en nuestra aldea global. O que el cantautor Ricardo Montaner pueda aún extrañarse por algo, o pensar que alguien le extrañe, como nos cantó en “Me va a extrañar”:

Me va extrañar, al despertar.
En sus paseos por el jardín,
Cuando la tarde llegue a su fin.

Pues no querido Ricardo. No te va a extrañar nadie a poco que te esfuerces. Sólo tienes que hacerte un selfie con tu imagen y mandársela a esa persona que marchó y piensas que te extraña. Y lo del jardín, y la tarde que termina, también tiene fácil solución. Un selfie con dron (pequeño vehículo aéreo provisto de cámara que puedes manejar desde tu móvil para grabarte) es la solución. Un retrato animado con vídeo en el que se vea algo más que tu cara -el jardín, el atardecer- para que nadie te extrañe nunca más.
No. No te va a extrañar nadie por lejos que estés. Nadie. Quizás lo haga ese compañero que está a tu lado contemplando la pantalla por la que envía y recibe imágenes desde cualquier punto del planeta mientras ignora que estás a su lado haciendo lo mismo.
De vuelta a casa extrañará tu presencia. Estuviste tan cerca que no reparó en ti. ¡Te extraño tanto!



Una Respuesta a “La extrañeza perdida”

  1. Pablo dice:

    Extrañar no es sólo ver y hablar, es tocar, sentir la presencia, la compañía y eso no nos lo da la tecnología. De todas maneras buen artículo :)

    abrazo

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