La cloaca y la historia

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(30/12/2013) La historia, esa charca insalubre donde tantos van a beber para después contarlo a su manera, a veces, las menos, aporta alguna enseñanza a quienes se acercan a sus aguas, pero otras, las más, es un mero ejercicio de búsqueda partidista para arrimar el ascua a la sardina del poder. Al fin y al cabo la historia siempre la escriben los vencedores o los que tienen más dinero para hacerlo que suelen ser los mismos.

Un ejemplo de esto último es La Historia del Mundo (History of the World), que emite una cadena de televisión y que podría pasar a la historia del mundo como la serie más partidista de las que ha habido, hay y habrá. La presentación de lo narrado es tan sesgada, tan imparcial, que como decimos por estas tierras ¡clama al cielo!

La history of the Word parece hecha para lelos, para televidentes con encefalograma plano.

La caricatura que hacen de Cristóbal Colón como ser avaro y mezquino -con un aspecto físico que apoya esa imagen-, que solo busca el oro y la plata -en realidad iba en busca de las especias que valían su peso en oro- y la parte de la conquista elegida para simplificar el dominio español en América, es simplemente VERGONZOSA. Así, con mayúsculas.

Poner únicamente la salvajada que cometió Pizarro con el Inca y pasar por alto toda la labor evangelizadora y educadora de Bartolomé de Las Casas -por poner uno entre miles de ejemplos- y las llamadas de la reina católica, Isabel I de Castilla, que pide en su testamento “evangelización y buen tratamiento” para con los indios y cuya labor fue decisiva para suprimir la esclavitud de los aborígenes a medio plazo, no interesan a la visión simplista e interesada de quien ni sabe ni quiere saber. O del que sabe demasiado…lo que le concierne.

Pero la historia, pese a quien pese, está escrita y las revisiones y el tiempo pondrán a cada cual en su sitio. Sobre todo a aquellos que se mueven con intereses espurios, mezquinos y tendenciosos.

Hace poco tiempo con motivo del aniversario de la coronación de Isabel II, los ingleses oían en público y por primera vez en su vida, que Felipe II -el artífice del imperio español- fue coronado rey inglés en 1554. El “demonio del mediodía” y causante de la “leyenda negra” fue también un rey inglés. Mira por dónde.

En unas capitulaciones dadas en Valladolid en 1520 entre el licenciado Serrano y la corona española con motivo de poblar las Islas Guadalupe se dice:

“Y porque la intención de la católica Reina mi señora y mía, es que los indios naturales de las Indias sean como lo son libres y tratados e instruidos como nuestros súbditos naturales y vasallos por la presente vos encargamos y mandamos que… tengáis mucho cuidado que sean tratados como nuestros vasallos…”. (El subrayado es mío).

Por supuesto que lo conquistadores cometieron atropellos e injustificables tropelías -¿quién no los cometía en el siglo XVI?- y la historia ya ha dado buena cuenta de ello.

Pero uno, que es un crédulo, pensaba que ahora gracias a la revisión historiográfica y a los nuevos datos que aportan los archivos, las cosas habrían cambiado. Craso error. Los años del descubrimiento y posterior conquista se reducen, en la serie aludida, a los hechos iniciales de la conquista del Perú. El resto ni está ni se le espera.

A esa charca apestosa, a esa ciénaga podre, a ese pozo séptico que es la historia de cualquier pueblo van a beber sesudos historiadores con ánimo, a veces, imparcial y sincero. Es la excepción que confirma la regla.

Uno de ellos es José Álvarez Junco que ha coordinado un trabajo llamado “Las Historias de España”. Sí. Han leído bien. Historias, en plural. Que la búsqueda de la objetividad imposible exige al historiador beber en varias charcas.

Beber en varias charcas y nunca decir de este agua no beberé porque como asegura Álvarez Junco “adverbios como “definitivamente” o “siempre” deberían estar prohibidos para un historiador”.

O sea que habrá que volver más de una vez a la charca, remover sus aguas inmundas para encontrar en el fango lo que hicieron nuestros antepasados.

Y no quedarse en 1808, ni en 1714, ni en 1492, ni el 711. Tampoco en Roma, Grecia o Egipto. No. Ya puestos llegar hasta Atapuerca para presumir como sapiens de RH y de oficio: el canibalismo.

Esa sería la mejor revisión histórica, la más veraz. Al final todos caníbales. ¡Y a sacar pecho!



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