La Casa Noble de Cañizal (Zamora)

Casa Blasonada

(9/10/2007) En la presentación del libro “Pleitos para la historia local. Cañizal una villa de Valdeguareña” que tuvo lugar en la Diputación de Zamora el pasado 27 de septiembre, saliéndome del guión que marcaba  lo “políticamente correcto” y por aquello de aprovechar que “el Pisuerga pasa por Valladolid” -léase la asistencia de distintos medios de comunicación al evento- volví  a clamar a los cuatro vientos contra la posible desaparición -si los responsables culturales no lo remedian- de la Casa Blasonada de Cañizal.
Estas fueron mis palabras ante la prensa de la provincia, el diputado de cultura, el responsable de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana y el director de la editorial Semuret, en lo que se refiere a dicha Casa:

“ …. El libro, que hace el número 20 de la Colección , y que confirma la importancia y contribución de los juicios de faltas y pleitos a la historia local,  incluye en su portada la fotografía de una casa noble del siglo XVIII, declarada bien de interés cultural por la Junta de Castilla y León el año 1991; casa de innegable valor histórico y artístico pero que de no mediar una rápida restauración está condenada a desaparecer en poco tiempo.
Ojalá que esta fotografía no llegue a ser un documento histórico más de los muchos bienes culturales que hemos perdido en Castilla y León….”.

De enorme valor histórico  -en sus dependencias se alojó el Duque de Wellington en los días previos a la batalla de los Arapiles- y artístico -la fachada realizada en piedra de sillería se caracteriza por una hermosa simetría compositiva con elementos muy valiosos- los vecinos de Cañizal asistimos impotentes a un derrumbe lento e inexorable sin saber si hay algún tipo de remedio para salvar su fachada y reconstruir sus estancias.
El señor diputado, al finalizar la presentación, recogió “el guante” de mis temores  comunicándome que en una reunión mantenida recientemente con responsables de la Junta de Castilla y León se había planteado el tema de la Casa Noble de Cañizal pero que había muchas dificultades para afrontar su conservación por ser propiedad de unos particulares.
¿Por qué un Bien de Interés Cultural, sea o no de unos particulares, no es motivo más que suficiente para que los responsables de nuestro patrimonio se interesen por su  estado y restauración?
¿Cómo es que el único monumento civil declarado BIC en la comarca de la Guareña no sensibiliza a quienes disponen de medios materiales y humanos para conservar un patrimonio que es de todos?
Llevo muchos años luchando por la Casa Blasonada de Cañizal como escritor  -en mi libro :”Cañizal. Apuntes para una historia” en un lejano 1991 ya expuse su riqueza histórica y artística-  y como vicepresidente de la Asociación Cultural Pro-Cañizal.
En todos estos años no he visto ningún acercamiento por parte de los poderes públicos para intentar aportar algún tipo de solución o remedio. Sólo pereza y desidia.
Este verano, sin embargo, comprobé esperanzado como alguno de los jóvenes del pueblo se acercaron para preguntarme por la Casa, interesándose por su estado.
Hablé largo rato con ellos y  les vi con ideas y ganas de hacer algo.
Espero que esa generación joven, preparada como ninguna otra en nuestra historia, consiga al fin lo que otros, en tanto tiempo,  no hemos logrado.
Ojalá.

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