Humor inglés

venus y adonis

(20/09/2017) Ken Follet, el exitoso autor de Los pilares de la tierra, acaba de manifestar en una entrevista concedida a un importante diario que “es difícil amar a Felipe II” porque “un escritor británico no va a admirar a un rey español que trató de matar a la reina inglesa”.

 Reconozco que cuando leí tan sesudo argumento apenas manifesté asombro, al fin y al cabo, pensé,  lo que manifestaba el señor Kent era más de lo mismo y estaba en la línea de lo que se ha divulgado sobre Felipe II  y sobre España desde que se inventara la leyenda negra.

 Es de todos sabido que el señor Follet, aunque reconoce que su obra no es intelectual y que no le importa que alguien lo diga, cuenta con un equipo de asesores para ambientar sus obras y que entre ellos se encuentran importantes historiadores y expertos en los más diversos temas, cuyos nombres incluye al final de sus obras en señal de agradecimiento.

 Por eso extraña que quien afirma que “España es importante en mis historias” se despache con una simpleza de ese orden y se quede tan tranquilo. ¿O es puro humor inglés?

 Ignora el señor Kent (o quizás no) que la mayor conspiración para matar a la reina Isabel I (la reina inglesa) fue la Conspiración de Babinghton que pretendía recuperar el trono para la católica María Estuardo. Desconoce, al parecer, que en la fallida intentona participaron católicos ingleses. Olvida, en fin, que la operación fue financiada desde Roma por el banquero Ridolfi y por quienes pretendían reinstaurar el catolicismo político en Inglaterra.

 Que el rey español y sus embajadas estuvieran al tanto del asunto es algo obvio. Felipe II sería malo, señor Follet, pero no era nada tonto.

 Pero es igual, el señor Follet está en su derecho de odiar al rey español tanto como de amar a su querida Isabel I aunque mandara degollar a su prima María Estuardo basándose en unas pruebas al parecer falsificadas por Francis Walsingham, ministro y consejero de aquella.

Lea, lea, señor Kent, a su compatriota Henry Kamen, y acérquese de una manera más abierta al personaje que tanto le incomoda. Porque Felipe II como su querida Isabel I, o como su adorado Enrique VIII, tuvo sus luces y sus sombras aunque una propaganda torticera y mezquina,  que dura ya casi quinientos años, haya querido tergiversar su figura.

 Lea usted Philip of Spain (Felipe de España) y entérese de una vez que la figura del rey vallisoletano va más allá de su relación con la princesa de Éboli o de la muerte del príncipe Carlos, hecho que ha cebado tantos infundios y falacias.

 Porque la leyenda negra de Felipe II proviene de su poder “y de los italianos, gracias a la oposición del papado a la presencia española en Italia; y también de los holandeses, a causa de la religión. Luego les llega el turno a los ingleses, a causa de la lucha por la competencia”,  ha manifestado el señor Kamen.

 Leyenda negra empeñada en divulgar la imagen de un rey lúgubre y fanático, olvidando que gozó de la vida y del sexo como pocos (vaya al palacio de Saldañuela en Burgos, señor Kent, e imagine los explosivos amores del rey “lúgubre” con Isabel de Osorio, por ejemplo, o acuda al Museo del Prado y contemple el cuadro Venus y Adonis de Tiziano. Dicen la malas lenguas que él mismo encargó el cuadro, que Venus es Isabel de Osorio y que Adonis, el hermoso dios, no es otro que Felipe II) y que le encantaban los bailes y la buena mesa.

 Felipe II fue un excelente mecenas que supo rodearse de los mejores artistas del momento contribuyendo a alimentar de obras de arte las pinacotecas de Europa y asumiendo un importante papel en la formación del mundo moderno.

“Es difícil amar a Felipe II, ¿no?…Sintió que tenía el derecho de imponer su voluntad sobre Europa”, manifiesta usted, señor Kent.

  Y yo le digo que sí, pero que hay importantes lagunas en su afirmación, intencionadas carencias en sus decires, porque ¿ha olvidado usted, señor Follet, que nos hallamos ante el primer monarca que intentó la unión territorial, no por las armas como era habitual, sino por los casamientos con princesas o reinas europeas, antes de que los nacionalismos irrumpieran en la vieja y castigada Europa?(“Bella gerant alii, tu felix Austria, nube” (hagan otros la Guerra, tú feliz Austria, cásate)). ¿Ha olvidado, señor Follet, que Inglaterra y España pudieron formar parte de una misma monarquía si su reina, María Tudor, y el rey español hubieran tenido un hijo?

 Seguro que usted lo sabe y que yo carezco del necesario sentido del humor… inglés.



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