Hablemos de sexo

elena

(30/03/2017) Venía yo de ver la exposición “Mujeres en vanguardia. La residencia de señoritas en su centenario (1915-1936)” que con gran acierto ha programado la Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid, cuando me topé con la entrevista, o mejor  dicho con el titular de la entrevista.

Y es que cuando estás sensibilizado con determinados temas -el notable cambio en la situación social de las mujeres que se produjo en España durante el primer tercio del siglo XX- te fijas en detalles que otras veces pasarían desapercibidos. Así somos.

 Pero a lo que te iba (como dice mi madre). Resultó que el semanario de un conocido diario dedicaba sus páginas interiores a entrevistar a una mujer, a una tal (y aquí se inició mi asombro) Elena Foster, a la que en principio no identifiqué.

Luego me fijé en la fotografía que acompañaba al reportaje y me dije sorprendido “¡pero si es Elena Ochoa, la conocida presentadora del programa “Hablemos de sexo”!

 En efecto, se trataba de la mujer  que nos aleccionó sobre penes, vaginas, puntos G y otras palabras tabú, a los pacatos españoles en los últimos años del pasado siglo.

Tengo que reconocer que el titular me defraudó. Nunca entendí la costumbre anglosajona de que la mujer pierda sus apellidos paternos para adquirir el de su marido.

 Elena Ochoa al casar con el importante arquitecto Norman Foster había, al parecer, tomado el apellido de su marido, tal y como se deducía del titular al que aludo.

Desconozco si Elena Ochoa, psicóloga, antigua presentadora y actual directora de una editorial y de una galería de arte, se considera menos importante que su marido. Ignoro si la entrevistada en el semanario sabía el titular que se pondría a la entrevista -más bien pienso que no, que ha sido el periodista quien ha puesto dicho titular- porque si la lucha por la igualdad ha de llevarse a cabo en todas las facetas de la vida ¿por qué el señor Foster no ha pasado a llamarse Norman Ochoa?

 Les repito que yo estaba muy sensibilizado por lo de la exposición aludida y mi cabeza no dejaba de entregarse a cábalas feministas.

-Es cuestión de mercado. No le des más vueltas. Vende mejor el apellido Foster que el de Ochoa-      me dice un amigo que no entiende ni comprende mis asombros.

Y tal vez sea eso, porque investigando en internet donde todos dejamos un rastro que nos identifica y nos delata, veo que la inteligente Elena Ochoa, era en la escuela, en ese ámbito en el que somos más auténticos y en el que aún no nos hemos puesto la careta, Elena Fernández López-Ochoa y que por vete a saber qué motivos había renunciado a los dos primeros apellidos cuando llegó a la tele.

 Mis investigaciones sobre el tema, o mejor dicho mi curiosidad, me llevaron a la Wikipedia, ese ámbito en el que todos terminamos cayendo, donde tras la breve biografía de la doctora vienen, como suele ser habitual en la famosa enciclopedia, unas referencias sobre el personaje en cuestión, unos artículos que distintos periodistas han escrito sobre ella.

Y en dichas referencias veo que para María Martínez y Bettina von Hase es “Elena Foster” y para Jesús Rodríguez, Javier Fernández Angulo y Ralf Eibl es “Lady Foster”.

Pero otros como Lola Fernández, Viky Vilches, Beatriz Fabián, Almudena Ávalos, Isabel Lafont y Paula Achiaga, la nombran en sus artículos como Elena Ochoa.

Ante tanto descarrío en la nominación, otros habían optado por tirar por el camino del medio. Como Christine Murray y Elsa Fernández Santos que escribían “Elena Ochoa Foster”.

 Luego volví a la exposición sobre la Residencias de señoritas, sobre aquellas mujeres que constituyeron un modelo de mujer profesional e independiente, retorné a Clara Campoamor y a su ardiente defensa del voto femenino ante una cámara totalmente enemiga y desemboqué en Elena Ochoa a quien siempre consideré heredera de aquellas féminas fuertes. Exóticas para el tiempo que les tocó vivir.

 Y concluí que no. Que no era posible que quien con tanto aplomo y carácter nos habló sobre sexo, hubiera permitido que alguien le robara el apellido por muy “Foster” que fuera.

 Por eso estoy esperando una carta de protesta de la aludida para hacer valer sus derechos a llamarse Elena Fernández López-Ochoa, sin que nadie, por muy Sir que sea, le robe los ancestros.

Me dicen que la reina de Inglaterra siempre se ha dirigido a ella como “Lady Foster”.

Otro motivo más y este ya definitivo para reivindicar la propia cuna.



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