Fernando “el olvidado” (también llamado “el católico”)

fernandoss

(10/11/2016) Los bulos, esas noticias falsas propaladas con algún fin, según definición de la RAE, se han cebado, más de la cuenta, con algún personaje de nuestra historia, siempre sembrados (me refiero a los bulos) por aquellos que quieren sacar ventaja partidista del asunto (poder y dinero, no nos engañemos).

Uno de los bulos que se siguen sembrando en los libros de historia de alguna comunidad autónoma, es el que afirma que ni Fernando el Católico, muerto hace medio siglo y de cuyo centenario no se ha acordado casi nadie, ni la Corona de Aragón, tuvieron algo que ver en la conquista de América (sí, conquista, dejémonos de eufemismos).

Hace pocas fechas asistí al XXIII Congreso Internacional sobre Descubrimiento y Cartografía, dedicado al V Centenario de la muerte de Fernando el Católico (una aguja de recuerdo en el pajar del olvido) y me sorprendieron tanto la calidad de las ponencias  como la ausencia de público (la entrada era gratuita y ya se sabe, si algo es gratis seguro que no tiene valor. Así de simple funcionan algunas neuronas).

Uno de los bulos que más ha circulado ha sido el de vender la historia de la conquista de América como cosa de la Corona de Castilla (sobre todo por aquellos que gozan resaltando los aspectos negativos, que los hubo, olvidándose de los positivos) y de la nula presencia de los aragoneses en el asunto. Falso, falso, falso.

Entre 1509 y 1516, el viudo rey Fernando,  emitió, nada más y nada menos que ¡¡dos mil cédulas reales!! referentes a las Indias y a su gobernación, según el historiador Jaime González Rodríguez que ha pasado parte de su vida en los archivos, enfrascado en tan histórico asunto.

 Lo que demuestra que quien es probablemente el más genial político de la historia de España, Fernando II de Aragón (el olvidado rey católico), estuvo muy dedicado a las Indias  en sus últimos años, esos en los que la historia (y los bulos) le contemplan dedicado en cuerpo y cuerpo (sic) a Germana de Foix, que también.

¿Y qué decir del clan aragonés que apoyó el proyecto colombino?

Pues que eran conversos aragoneses, fieles a los dictados del rey Fernando y que fueron muy activos en la política llevada a cabo en las tierras de América.

Sin pretender ser exhaustivos, en dicha nómina no deberíamos olvidar a Luis de Santángel, Gabriel Sánchez, Juan Cabrero, Mosén Juan de Coloma, Sancho de Paterna y Alonso de la Caballería. Y por supuesto a Miguel de Pasamonte, tesorero de la Española y cabeza de la facción de lo que se conocería como “los servidores del rey”. Del rey Fernando, claro.

 La biografía de todos ellos, como las de cualquiera de nosotros, está sembrada de luces y de sombras por lo que, puestos a estudiarlos, habría que resaltar ambas y no quedarnos solamente en lo que nos conviene o conviene a nuestra facción (actual).

Y si hubo sombras, que han sido bien señaladas por la “leyenda negra”, también hubo luces que habría que destacar si pretendemos hacer justicia histórica con los personajes.

 De forma constante se crearon leyes y se emitieron ordenanzas que culminarían con la figura del “protector de Indios”, sentando las bases de lo que fueron los derechos humanos y adelantándose dos siglos a la proclamación de los mismos, durante la Revolución Francesa.

Ahora que se quieren derribar estatuas colombinas en territorios donde se han sembrado tantos bulos, ahora que tanto se habla de coser y de unir esfuerzos, bien estaría volver los ojos a la historia y detenerse en el rey Fernando el Católico. Y aprender.

 Dice el historiador Juan Pablo Fusi, en una entrevista reciente, que el personaje de la historia de España que más admira es Fernando el Católico.

 Por eso extraña que esté pasando el V Centenario de su muerte sin pena ni gloria, sin apenas recuerdos a su obra, sin conmemorar como se merece al personaje que, con Isabel I de Castilla, creó el primer estado moderno, ese que algunos se empeñan en descoser sembrando bulos y hociqueando en los libros de historia para alimentarse de lo que les interesa.

 Quien recuperó Navarra, anexó el Rosellón francés, afianzó la presencia española en el Mediterráneo y amplió sus posesiones en Italia y en el Norte de África, también se preocupó de las Indias y de los inmensos territorios transoceánicos a pesar de lo que se nos ha querido vender.

A pesar de los bulos.



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