El poema que más recitaba mi padre

yuntero

(30/12/2009) Pocas cosas van quedando en nuestra Navidad de aquellas que vivimos cuando éramos niños. Pero hay una que aún se mantiene y que seguirá manteniéndose por muchos y variados que sean los cambios que a cada cual le toque vivir. Me refiero a la nostalgia. La navidad va unida a la nostalgia como el día a la noche. Es irremediable.
Tomando el cupo de nostalgia que me corresponde en estas fechas voy a regalar a los fieles lectores de mi cuaderno de bitácora un poema de la segunda mitad del siglo XIX (hasta hace pocas fechas decíamos el siglo pasado, pero ya no vale) que refleja como pocos los enormes cambios que se han dado en nuestra sociedad. Sobre todo en el campo de la infancia hoy tan protegida y mimada. Es de Eusebio Blasco y Soler (1844-1903) y mi padre -fallecido en el año que termina- lo recitaba con una devoción febril que subyugaba a quienes lo escuchábamos. Él, que había nacido en la década de los años veinte y había visto niños “pigorros” y yunteros a sueldo, se emocionaba con el niño-pastor del poema y nos emocionaba a cuantos formábamos su auditorio. Va por ustedes.

UN DURO AL AÑO

Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbame yo muy contento,
dándole descanso al alma,

y cuando al alto llegué,
y al dar la vuelta a la cima,
un rebaño me encontré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
marchando al paso tranquilas,
y pasaban las parejas
al sonar de las esquilas:

y a los últimos reflejos
de los rayos vespertinos
las vi perderse a lo lejos
por los ásperos caminos.

Detrás de ellas, lentamente,
dando al aire una canción
y sacando indiferente
su mendrugo del zurrón,

venía un pastor, un niño,
un imberbe zagalejo,
que me inspiró ese cariño
que es tan súbito en un viejo.

-¡Hola! ¿tú eres el pastor?
-Sí señor, ¿qué se le ofrece?
-¿tienes padres? -no señor.
-¿cuantos años tienes? – Trece.

-¿Y cuanto ganas, amigo?
- Un duro. – ¿al día? -¡anda maño!
- ¿Un duro al mes? – ¡que no, digo!
- ¡Un duro al año!

II

Le dejé que se marchara
y en el monte me senté,
y avergonzado, la cara
en las manos oculté.

Pasaron por mi memoria
templos, palacios y reyes,
los aplausos y las glorias,
los discursos y las leyes,

los millones del banquero,
las fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,

fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,
cortesanas celebradas
de ricas galas prendidas,

los que de lujo se afanan,
tantas glorias, tanto daño…
y en tanto hay seres que ganan…
¡Un duro al año!

III

¡Un duro! ¡Oh Dios! ¡Cuántas veces
lo habré derrochado yo,
en miles de pequeñeces
que mi gusto me pidió!

en comer sin tener ganas,
en caprichos, en favores,
en vanidades humanas,
en guantes, coches y flores,

en un rato de placer,
en un libro sin valor,
en apostar, en beber,
en humo, en un buen olor…

Y ese duro que se olvida
En cuanto correr se deja,
era un año de la vida
de aquel niño que se aleja…

Y vi que somos peores
todos los seres humanos.
unos, falsos soñadores;
otros, falsos puritanos.

Ya ateos o ya creyentes
todos en el daño iguales;
resolviendo diligentes
grandes problemas sociales;

y hay seres que, en esa edad,
ignoran su propio engaño
y deben a la humanidad…
¡Un duro al año!

IV

¡No! Mientras que en el frío enero,
en una espantosa noche,
mi prójimo, por dinero,
me lleve a mi casa en coche;

mientras de la mina oscura
saque el carbón tanta gente,
pasando tanta amargura
para que yo me caliente;

mientras de la alegre fiesta
salga yo, que siento y creo,
y al pobre que me moleste
le mande airado a paseo;

mientras derroche la moda,
y se gasten, grande o chico,
mil duros en una boda,
mil en entierros del rico,

y hasta el sol desigual sea
en dar al hombre sus rayos,
y haya niños con librea
que me sirvan de lacayos

ni creo en leyes humanas
ni en el que las bombas tira…
¡Palabras! ¡Palabras vanas!
¡Mentira, todo mentira!

No hay a las penas consuelos;
¡sufrir y siempre sufrir!
¡El Cristo se fue a los cielos,
pero volverá a venir!

Y ha de subir a mil codos
más alto el nuevo diluvio,
y en él moriremos todos;
y más altos que el Vesubio

nos ha de ver impasible
ese niño, ese pastor,
ya convertido en terrible
ángel exterminador,

y entre torrentes de lava
gritará desde alto escaño:
-Yo soy aquel que ganaba
¡Un duro al año!

V

Así a mis solas decía,
solo, en la cumbre del monte,
mientras el sol se escondía
en el rojizo horizonte,

en la sombra se ocultaban
lentamente las aldeas,
y allá lejos humeaban
las fabriles chimeneas,

Veíanse allá las cruces
de las altas catedrales
y los rayos de las luces
de las fiestas mundanales.

Allí lloran afligidos
miles de seres humanos,
allí rezan compungidos
los que se llaman cristianos.

Entre el ruido y movimiento
de las modernas ciudades,
resumen triste y cruento
de las necias vanidades…

Y allá, perdido en la plana,
cantando, tras su rebaño,
iba aquel niño que gana
¡Un duro al año!

PD: Un duro eran cinco pesetas. Cantidad equivalente a tres céntimos de euro, aunque su valor en aquellos años era, como es lógico, mucho más alto. Aún así si lo comparamos con el salario de un jornalero en el Madrid de 1885 que rondaba las dos pesetas diarias (en el campo era bastante menos) vemos la poca consideración laboral en que se tenía al niño jornalero. La explotación infantil, que como vemos no nos fue ajena, sigue dándose en muchos países. No hay que remontarse a Charles Dickens ni a Eusebio Blasco para encontrarse con tan dura realidad.



27 Respuestas a “El poema que más recitaba mi padre”

  1. Pablo dice:

    Por todo lo que significa bonito post y hermoso homenaje

  2. Octavio dice:

    Mi padre tenía un negocio de objetos de segunda mano, en una ocasión entró un anciano y estuvo durante mucho rato buscando entre los centenares de libros que tenía en las estanterías, en un momento dado mi padre le pregunto si podía ayudarle en algo y el hombre le dijo que estaba buscando un libro de poemas concretamente un poema llamado “un duro al año”. Asombrado mi padre le dijo que no lo tenía pero que si quería se lo podía recitar. El anciano completamente atónito tomó nota del poema. Cuando acabó, ambos estuvieron comentando la “casualidad”. En fin una historia que viene al hilo del poema.

  3. Alfonso Pozo Blanco dice:

    Nací en 1940 y conozco el Poema desde1954, me lo enseñó un compañero de trabajo, que tenía, creo, mi misma edad, que lo aprendió de su padre. Ocurrió en Algeciras y desde entonces lo he recitado muchas veces y aún hoy me lo recitó a mí mismo muchas veces: ES PRECIOSO!!.

  4. Agapito dice:

    Nací en 1941. Lo recitaba un tío mío, al calor de la alquitara mientras destilaba orujo para sacar aguardiente en un pueblo de la provincia de Zamora. Lo recitaba en los banquetes de casi todas las bodas un señor a quien ahora van a enterrar. Ha fallecido a los 94 años.

  5. Lola Borges dice:

    Soy del 84 y conozco este poema desde que era niña, porque mi abuelo, que era hombre de campo, lo recitaba completamente de memoria con su voz grave y cargada de sentimiento. Hoy me estaba acordando de mi abuelo, y de algunos trozos del poema, que nunca supe de quien era. Lo he puesto en Google y he aterrizado en esta página. Ahora ya no está mi abuelo para recitarlo, pero al menos siempre podré leerlo y recordarlo.

    • Luis Torrecilla Hernández dice:

      Bonito recuerdo el que guardas de tu abuelo. A mí me pasa lo mismo con mi padre. Siempre lo recitaba en las grandes conmemoraciones familiares. Nuestros mayores demostraban, Lola, un gran sentido estético y una magnífica memoria. Yo, de tanto oírselo, lo aprendí y creo que podría recitarlo casi por completo. Gracias por entrar en mi página y leer mis artículos.

  6. Oscar Luengo Fernández dice:

    Nací en 1938. Yo aun recuerdo este poema que mi padre me enseñó cuando yo tenía cuatro años y del día que me pidió que lo recitara en presencia de mis abuelos y de otros familiares. A él le gustaba mucho porque además le recordaba su niñez, ya que a sus ocho años tuvo que salir de casa para trabajar de pastor de ovejas. Creo que no le pagaban nada, salvo que estaba mantenido por los “amos” y tenía un sitio en el pajar donde dormir.

    • Luis Torrecilla Hernández dice:

      Sí. Es un poema que narra de forma cruda y certera cómo ha sido la vida en este país en años pasados. Estaría bien que las generaciones más jóvenes se acercaran a estos testimonios para que valoren lo que ha costado llegar hasta aquí y luchen por mantener lo adquirido gracias al esfuerzo de aquellos “pigorros”.

  7. celso martinez dice:

    poema maravilloso a la vez que real ya que la explotación de los niños era habitual y por desgracia en algunos países sigue siendo pobrecitos inocentes, a mi me la enseño mi padre y siempre que la recitaba nunca la pudo terminar porque se emocionaba y terminaba llorando

    • Luis Torrecilla Hernández dice:

      Sí, Celso. Nuestros padres se emocionaban porque habían vivido aquellas situaciones. En mi pueblo los llamaban niños “pigorros” y mi padre llegó a escribir un cuento sobre ellos que le premió el Ayuntamiento de Vitoria.

  8. manuel Capado dice:

    Este poema lo recitaba mi abuelo, y mi padre, que murió hace 13 años, lo recordaba a trozos, intentó conseguirlo antes de su muerte, y hoy buscando en archivos viejos de mi padre, he leido una parte del poema. He buscado en google y me ha llevado a esta página. Gracias. Ya tengo el poema completo.

  9. Jose Maria Correor dice:

    A mi suegro que nacio en 1904 se lo escuche recirar en alguna ocasion. El se lo reciraba a sus hijas de vez en cuando, tambien se escuche recitar a sus mietos y, ahora yo se lo estoy recitando a los mios, es la forma de que perdure en el tiempo,una poesia tan real en la España Profunda, y parece surrealista

    • Luis Torrecilla Hernández dice:

      El poema no refleja a una España surrealista sino a una España real en aquellos años. Piensa que en esos años había muchos que trabajaban solamente por la manutención. Por tener comida y techo. Se nos olvida -y más a nuestros hijos- que en este país se ha pasado mucha hambre.

  10. Francisco Mena dice:

    Este poema tan precioso lo recitaba mi padre en algunas ocasiones, muchos eran lo que se lo pedían, lo decía muy bien, sabía la poesía de memoria y al decirla ponía toda la emotividad de la que era capaz, yo lo recuerdo desde que tenía seis o siete años, hoy tengo setenta, lo tengo escrito de su puño y letra, gracias por tenerlo publicado y que podamos acceder a él, un afectuoso saludo.

    • Luis Torrecilla Hernández dice:

      Sí. Nuestros padres recitaban con gran maestría. Sentían lo que decían porque de alguna manera habían vivido algo parecido.
      Si tienes el poema escrito por tu padre, tienes un tesoro. Consérvalo. Gracias Francisco por leer mis artículos y visitar mi web
      http://www.luistorrecilla.es

  11. Lourdes dice:

    Hola, estoy emocionada al encontrar este poema, mi padre lo recitaba de memoria y con auténtica devoción, especialmente en Navidad cuando nos reuníamos toda la familia. Muchas gracias, ha sido un regalo encontrarla de nuevo.

  12. Pilar dice:

    CReo que soy hermana de Lourdes yo también recuerdo a mi padre recitándolo en navidad y estoy muy emocionada por verlo y leerlo.esta hermana mía también ha sacado lo de recitar como mi padre, ya la preguntare ,si ha escrito aqui

  13. maria pilar dice:

    yo nací 1947 y es uno de los poemas que siempre recito, mi tío Pedro ya fallecido lo recitaba y yo lo aprendí de el siempre que tengo ocasión lo recito, le pongo mucho sentimiento

  14. Cristóbal Camacho dice:

    Un domingo de 2005, mientras acompañaba a mi padre cuando ya el Alceimer había hecho presa en su mente, en un momento de lucidez, recitó este poema de cabo a rabo. Quedé muy impresionado pues nunca se lo había oído, a el le gustaba la poesía y sabia muchas, pero mas de estilo humorístico como las fábulas y sainetes.No conseguí nunca que lo repitiera,
    Hace unos días comentando este hecho con un amigo aficionado a la poesía me dijo el título e internet, que todo lo sabe, me ha permitido emocionarme de nuevo con el. Muchísimas gracias.

  15. Fernando dice:

    Creo que este poema es mágico pues aparte que lo recitaba mi padre por navidad también nos hace unirnos a través de tu página con la familia pues creo que Lourdes y pilar son mis hermanas

  16. Fermín dice:

    Maravilloso. Nací en 1956. Con 7 -8 años empezamos a tocar la guitarra en el colé colegio Pax de Madrid. Un compañero un día trajo el poema escrito y enseguida apagamos música al poema con las guitarras. Aún hoy de vez en cuando la toco con la guitarra. Y sigue estando al día. …palabras palabras vanas, mentira todo es mentira…

  17. Miguel dice:

    Mi abuela nació en 1912 y era de la zona sur de León, cerca de Zamora. Recuerdo que de vez en cuando me recitaba de carrerilla la parte 1, y a mi me llamaba más la atención lo de ir cara al viento que lo del duro. Hoy gracias a ti (y a google) lo voy a imprimir para que mi sobrino se lo lea a mis padres. Mi madre se emocionará porque le recordará a su madre, y mi padre se verá entre líneas, porque él, niño de la posguerra en Soria, tuvo que ser zagal en casa ajena desde los 7 años para ayudar a sacar su casa adelante. No sería un duro al año, pero no creo que le dieran mucho más que algo con lo que engañar al hambre.

    • ltor14 dice:

      Interesante lo que cuentas, Miguel. Mi padre, como el tuyo, también estuvo de zagal (en mi pueblo decían pigorro) en casa ajena desde los trece años al morir su padre. Son historias similares. Mi padre, ya jubilado en Vitoria escribió un cuento titulado “El pigorro” que fue premiado por el ayuntamiento de la ciudad.

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