De cuento

cuento

(30/4/2009) Dicen que al morir un zapatero de vida ejemplar llegó al paraíso y que San Pedro, como buen anfitrión, le presentó ante la Corte Celestial de la siguiente manera:
-¡Aquí llega el mayor general de todos los tiempos!
Y cuentan que el zapatero sorprendido y abrumado ante tan gran error, con la humildad que requería el caso y el lugar, argumentó:
- Perdone, San Pedro, pero yo no he sido general sino un humilde zapatero allá en mi pueblo.
A lo que el santo le espetó:
- Sí, pero de haberse dedicado a la milicia hubiera sido el mayor general de todos los tiempos.
Acaba de morir Antonio Pereira, extraordinario poeta y gran escritor de relatos. Nació en Villafranca del Bierzo y desde muy joven se dedicó al mundo literario obteniendo una serie de reconocimientos que ahora, cuando a todos nos ha sorprendido su muerte, son recordados en distintos medios de comunicación y  ensalzados en su justa medida.
Por esas burlas del destino -que algunos llaman casualidad- mientras me esforzaba por asimilar tan triste pérdida he recibido el último libro de la Colección de la Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana, que lleva por título “Literatura popular zamorana (Comentarios y selección de textos)” y del que es autor, a título póstumo, Francisco Rodríguez Pascual. La Biblioteca, dirigida en la actualidad por Juan Manuel Rodríguez Iglesias, incluye en dicho número una interesante selección de textos entre los que se encuentran dos cuentos de un humilde labrador de formación autodidacta nacido en Cañizal (Zamora).
Son dos cuentos dotados de una ingenuidad exquisita que poseen el valor añadido de lo que no está contaminado por saberes académicos ni resabios intelectuales. Los cuentos llevan por título: “El pigorro” y “El tacholero” y son obra de Luis Torrecilla Estévez, labrador de oficio hasta su jubilación y lector infatigable en los escasos momentos que le dejaban libre las faenas del campo.
Francisco Rodríguez Pascual, investigador, divulgador y especialista en antropología cultural en un artículo publicado el 10 de Marzo de 1996  en “La Opinión. El Correo de Zamora” escribía: “En la parte documental de estas Hojas de Cultura Tradicional quiero ofrecer una muestra de la labor cuentística de un zamorano, hombre de pueblo trasplantado a Vitoria, pero que mantiene añoranzas de la región que le vio nacer: Luis Torrecilla Estévez. Como tantos otros trasterrados ha procurado insertarse en el nuevo medio cultural, pero sin renunciar a sus raíces; así lo demuestra el cuento titulado “El pigorro”.
El cuento al que se refería el articulista apareció publicado en la Gaceta Municipal de Vitoria-Gasteiz  (nº 45), de 21 de Enero de 1995 al resultar ganador del concurso de cuentos que, para la Tercera Edad, había organizado el ayuntamiento de la capital alavesa.
Hace pocas fechas, días antes de la publicación del libro que incluye dicho cuento, su autor fue trasterrado a la patria definitiva, aquella que nos espera a todos al final de nuestros días.
Y me he imaginado la escena arriba indicada trocando lo de zapatero por lo de labrador y lo de general por lo de narrador. Y es que conozco a toda una generación de hombres y mujeres cuyo talento y valía no pudieron proyectarse en la España de la post-guerra por falta de medios económicos. Son la “generación literaria” que no pudo ser.Alguno de ellos de seguro, hubiera sido un gran narrador. Tan grande como Antonio Pereira. Seguro.



2 Respuestas a “De cuento”

  1. Adelino dice:

    Hermoso homenaje el que dedicas al autor de los cuentos y a toda “generacion literaria” que no pudo serlo.saludos

  2. Rosa del Río dice:

    Hola Luís
    Después de pasar por una larga, extraña y bastante penosa etapa de mi vida, me reincorporo con deleite a la lectura de tus artículos para descubrir (¿o acaso he deducido mal…?) que tu talento literario es, muy probablemente, herencia de tu padre.
    En cualquier caso, siempre he pensado que mucha de aquella gente de la postguerra que no tuvo ocasión de brillar por sí misma, dejó tras de sí algo que, quizá no sea esplendoroso ni llamativo, pero que ilumina mas que cualquier otra cosa: su espíritu y sus enseñanzas plasmadas en sus descendientes.
    Estoy segura de que el zapatero-labrador del cielo sonríe satisfecho viendo como sus generales-escritores siguen portando su bandera.
    Un abrazo
    Rosa

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