Casa Museo de Zorrilla

 

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(20/5/2011) Para enterrar a los muertos como se debe, cualquiera vale, menos un sepulturero, que dijo el poeta nacido en Tábara (Zamora). Para ver un Museo como es debido, cualquier día es bueno, menos el Día Internacional de los Museos o la Noche Europea de los Museos, que digo yo. Ya sabe, ese día o esa noche que acude al museo todo el que anda perdido por la ciudad y, al no saber qué hacer, se cuela en los sancta sanctorum de la cultura.
- Oiga, para la radio, ¿por qué visita usted el Museo de San Gregorio, esta noche?
- Mire usted, yo andaba por ahí y cómo vi mucha cola, me dije, p´a dentro que algo darán.
….
Pero hay excepciones a lo que les dije, oiga, que no todo ha de ser tan rotundo y visceral. Tan incuestionable. Que todo o casi todo es relativo y a veces la vida depara sorpresas y la Noche Europea de los Museos también.
Y si no, vayan ustedes esa noche a la Casa de Zorrilla de Valladolid y verán que la sorpresa aún tiene cobijo en nuestra vida tan llena de rutinas, tan virtual ella; que vale la pena la visita y que lo dicho más arriba no se mantiene. Que desde que Ángela Hernández Benito y Paz Altés Melgar tomaron cartas en el asunto, la Casa de Zorrilla se ha poblado de espadachines, fantasmas e historias que se prestan a todo, a todo, menos al aburrimiento. Y que París bien vale una misa, y que hay que ir a la casa del poeta aunque sea esa noche o precisamente por eso.
¿Atreverse a visitar la Casa del autor del Tenorio cuando en la entrada te reclaman con un “¡Se ha cometido un crimen en la Casa de Zorrilla!”? Pues atrévase, oiga, si no este, cualquier otro día, que las sorpresas, la imaginación y el buen gusto han hecho su asiento en la Casa de Zorrilla.
Entras en el recoleto jardín de la Casa y, efectivamente, presencias un crimen correctamente escenificado por un grupo de actores. Y mientras te enseñan las distintas dependencias, los de la farándula te dejan boquiabierto con una leyenda estupenda parida por la mente del gran Zorrilla. Como les cuento.
Si hay que dar vida a los Museos para que sobrevivan al tedio y a la soledad que carcomen sus entrañas, para que no parezca un álbum que hay que rellenar con cromos -que diría el artista Ángel Pascual-, el camino es el que nos muestran Ángela y Paz o Paz y Ángela, que “tanto monta, monta tanto”, dos mujeres que se han conjurado para resucitar la Casa de Zorrilla, tan poblada de fantasmas y leyendas como la mente de su inquilino, don José.
Si hubiera que poner un “pero” a tanto derroche de originalidad y buen hacer, a tanta exquisitez, sería el de la brevedad. Sí. Sabe a poco. Se queda un poco corta la representación. Uno quisiera más tiempo dramático, más intervención de los actores en la casa del vate.
Alguien dirá que “lo bueno si breve dos veces bueno”, plagiando la famosa frase de don Baltasar Gracián. Pero no. Dicha frase es un error de bulto y va siendo hora de ponerla en su sitio: lo bueno si además es extenso y durable, pues dos o tres o cuatro veces bueno. ¡Hombre!
Pero el tiempo es oro y hay que aligerar la representación. Que otros grupos, que esperan impacientes en la puerta, quieren también probar el menú que les han preparado Paz y Ángela.
Menú variado, con sabrosos e imaginativos platos. Aderezado un día con los versos del Tenorio leídos por ciudadanos de a pie, otro con una gincana familiar para buscar datos históricos por la casa y sus aledaños, otro con un “bautismo” de recuerdo a algún poeta de la ciudad, otro con talleres para grandes y pequeños…
Pero basta ya de platos. Vayan ustedes mismo y sírvanse. Cualquier día vale. Aunque sea el Día Internacional de los Museos.
Bernardí Roig dice que “el Museo ideal es un lugar donde uno entra con una cabeza y sale con otra. Debería ser un lugar donde se transforman las cabezas…para que uno deje de ser ese idiota que era antes de entrar”. Pues eso. Vayan a la Casa de Zorrilla.



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