Valladolid-Pozzuoli

juana

(30/6/2011) Alguien dijo, y no sin razón, que una mentira repetida muchas veces acaba convirtiéndose en una verdad.
La prueba de que es cierto lo afirmado anteriormente es el romántico nombre de Pucela con el que es conocida la ciudad de Valladolid y que tendría su origen, según una teoría tan extendida como falsa, en la “pucelle d´Orléans”, Juana de Arco, que fue, según dicen, ayudada por los caballeros de la ciudad de Valladolid durante la Guerra de los Cien años. Caballeros que, de vuelta a su ciudad tras luchar contra los ingleses, se convertirían en los caballeros de la “pucelle” o pucelanos.
La leyenda es tan romántica y suena tan bien a nuestros cándidos oídos -tan necesitados de “cantos de sirena” que den color al gris de nuestro vivir- que pocos son los que se atreven a desmentirla a pesar de no hallar ningún documento anterior a 1900 en el que se encuentre dicha palabra.
Joaquín Díaz, el sabio de Urueña, hace años que halló el posible origen del término, que es también el grito con el que acompañamos a los equipos deportivos vallisoletanos: ¡Pucela!, ¡¡Puceela!!, ¡¡¡Puceeela!!!

Resulta que el origen del vocablo de marras está en algo tan prosaico y gris como el cemento. Sí, como el cemento. Fue el excelente cemento que se hacía con la arena volcánica de Pozzuoli -ciudad italiana próxima a Nápoles- el que, según el etnólogo, dio origen al nombre de Pucela en los inicios del siglo XX.
La grava de Pozzuoli, procedente de roca volcánica y mezclada con cal, resulta ser un material de gran dureza que fragua y se endurece bajo el agua. Esta arena, la “puzzolana”, que se asemeja a la piedra pómez, fue descubierta por los romanos varios siglos antes de Cristo y a ella hace referencia Vitrubio en sus escritos. Se utilizó en la construcción del Puerto de Pozzuoli; y en los tiempos del emperador Augusto su uso era obligatorio en todas las obras públicas.
A finales del siglo XIX desde Valladolid se distribuía el cemento “puzzolánico” a otras ciudades de España que al ver llegar la deseada carga -ya se entreveía en el horizonte la burbuja inmobiliaria- exclamarían: “¡Ya vienen los puzzolánicos!” que con el correr de los años degeneraría en “pucelanos” y en Pucela el nombre de su “patria”: Valladolid.
Fue el industrial cántabro, afincado en Valladolid, Eloy Silió, quien introdujo en España la fabricación del famoso cemento “puzolónico” que se vendía en sacos de papel grueso y se anunciaba como “cemento puzolánico” o, para abreviar, “puzolano”.
Pero como en la lucha entre lo prosaico y lo romántico -cemento versus doncella- aquel tiene todas las de perder, pues ya saben…Pucela = Doncella de Orleáns. Nos gusta y punto.
Ya sé que Pouzzoli, junto al Vesubio y con una rica historia -por allí pasaron desde Calígula y San Pablo a San Procolo que fue martirizado y es su santo patrón-, tendría también su lado romántico a nada que rascáramos en su piel, pero resulta que no. Que lo virginal, la ayuda caballeresca a dama en apuros, siempre tendrá un “plus” de romanticismo que terminará por imponerse al resto.
En cualquier caso ambas procedencias nos llevan al exterior, a Francia o a Italia, quedando para los oriundos otras posibles etimologías del vocablo -“pozas”, dada la cantidad de charcas o pozas que habría en una zona en la que confluían Pisuerga y Esgueva- pero que son menos románticas y por lo tanto desechables. ¡¡Somos tan sentimentales!!



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