Paños de oro

PORTADA 1

(20/03/2025) La publicación de un libro siempre supone un momento de cierta euforia para el escritor, por qué vamos a negarlo. A mí, al menos, me ocurre.  No sé si a otros, pues hay mucha jeremiada en el sector. Y eso me está ocurriendo ahora con Paños de oro,ensayo que me publica la Universidad de Valladolid como hiciera hace años con dos de mis trabajos anteriores sobre historia de la educación: Niñez y castigo. Historia del castigo escolar (1998) y Escuela y cárcel. La disciplina escolar (2008).

 Pasada la euforia de los primeros momentos llegan la preocupación y el desasosiego posteriores, como también es lógico. ¿Tendrá muchos lectores el libro? Y, si los tiene, ¿les proporcionará el conocimiento y el placer que se supone ha de dar toda lectura? Porque el placer y el conocimiento deberían ser el objetivo de toda obra que se precie y a ello deberíamos tender quienes escribimos.

 Paños de oro busca ese placer tanto en el texto, como en las ilustraciones (unas setenta y cuatro en todo el libro), como en la portada: un hermoso tapiz que representa la Historia de Semíramis obra de A. van Diepenbeeck y M. Wauters que se exhibe en los Museos Capitolinos de Roma.

 Un motivo de cubierta que hace alusión al título de “paños de oro”, que no eran otra cosa sino los hermosos tapices realizados sobre todo en los Países Bajos en los siglos XVI y XVII. A ellos fue muy aficionada la realeza, destacando Juana I de Castilla que llegó a tener un buen número de ellos.

 El libro, cuyo título completo es Paños de oro. Valladolid-Flandes: tejiendo la Historia,se propone relatar las múltiples relaciones entre la ciudad de Valladolid -capital de la Monarquía Hispánica en los primeros años del XVII- y las llamadas Provincias del Norte o Flandes a lo largo de los siglos XVI y XVII, en ambos sentidos.

 A través de un texto histórico que se apoya en el símil de la confección de un tapiz, se ofrece un original acercamiento a la historia para que el lector se sumerja en nuestra herencia flamenca, así como en las aportaciones que se hicieron desde aquí para potenciar el desarrollo sociocultural en aquellas provincias, allí donde tantos fueron, y no solo, a “clavar una pica en Flandes”.

 Lo que se ha llamado el “Espíritu de Europa” se ha tejido a lo largo de los siglos con la industria y el comercio, pero también con el arte y la cultura y sobre todo con el pensamiento. Y en este telar europeo las ciudades han jugado y juegan un papel destacado.

 Paños de oro es un trabajo que pretende dar a conocer la riqueza histórica, artística y humana que atesoran nuestras ciudades, teniendo como referente las relaciones que se dieron entre ellas y Flandes cuando formaban parte de la Monarquía Hispánica.

 El encuentro entre la cultura ibérica y flamenca, aquí en la Península y allí en los Países Bajos, dio lugar a todo un entramado de aportaciones sociales, culturales y artísticas que han tejido el hermoso tapiz hispanoflamenco que muestra el libro que acabo de publicar.

 Decía el escritor inglés G. M. Young que “publicar libros es como como casarse con una duquesa: el honor siempre es más grande que el placer y uno siempre se arrepiente antes de que se hayan marchado los invitados”. Y algo de cierto hay en sus palabras pues quienes publicamos un libro sabemos que hacerlo es siempre una aventura hacia lo desconocido, porque el libro es un objeto que avanza hacia su destino, una obra que una vez publicada deja de pertenecer al escritor para pertenecer al lector que al leerla la reescribe de alguna manera.

 Después de pasar diez años sumergido en la narrativa y publicando cuatro novelas, he querido volver a retomar un género en el que me siento especialmente cómodo: el ensayo histórico.

 Sé que no corren buenos tiempos para esa interpretación del pasado que es la historia. El adanismo, esa creencia de que todo empieza con nosotros y de que no tenemos por qué saber nada del pasado porque es pasado, está haciendo que el hilo que ha conectado generación tras generación a los humanos con su memoria, la historia, se esté rompiendo.

 Libros como Paños de oro intentan demostrar que el pasado no tiene por qué ser obra exclusivamente de especialistas y que interesarse por él es interesarse también por nuestro ayer y por nuestro mañana como especie, pues somos una suerte de eternidad, un conjunto de pasados, presentes y futuros.

 Decía Ruiz Zafón que cada libro tiene alma. El alma de quien lo escribió y la de quienes lo leyeron, vivieron y soñaron. Paños de oro acaba de salir a la calle tímido y asustadizo. Busca encontrarse con lectores que lo gocen, lo vivan y lo sueñen. ¡Ojalá!



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