El día de …
(30/01/2026) No sé si ustedes se enteraron, pero el pasado 19, tercer lunes de enero, fue el día más triste del año. Y fue el día más triste del año porque así lo decidió alguien hace tiempo y sin que se sepan muy bien los motivos que le llevaron a ello. O quizás sí.
El hecho es que uno, que es impresionable y crédulo, esperaba lo peor en dicho día como si los vaticinios estuvieran ahí para cumplirse y ¡vaya si se cumplieron! Tras el accidente ferroviario del domingo por la tarde, el lunes, que era el tercero del mes, fue triste, muy triste,
El invento de tan triste onomástica nos ha llegado, como casi todo, del mundo anglo, que se inventaron lo del Blue Monday. Un término creado por una agencia británica de viajes que quería aumentar las reservas vacacionales en plena cuesta de enero cuando el repecho era más duro. Detrás de la sentencia sobre el día en cuestión, que llevará ya por siempre el sambenito de la tristeza, está la mente de un psicólogo, un tal Cliff Arnall, que se basó, para hacer creíble tanta tristeza, en factores climáticos (días fríos y nublados), económicos (cuesta de enero) y motivacionales (el regreso a la rutina, el abandono de los propósitos de año nuevo, etc.). Y así nació en un lejano 2005 el tercer lunes de enero como el día más triste del año.
Lo de “el día más” o simplemente “el día” es algo que ha creado escuela entre nosotros. Te levantas por la mañana el 17 de enero, por ejemplo, y cuando le preguntas a tu pareja “qué día es hoy”, ella, lejos de atender al santoral, como era costumbre, o en vez de decirte san Antón o simplemente diecisiete, te lanza eso de “el día de los burros”; y si lo haces el dos de febrero, te contesta que “el día de la marmota”; y el dos de noviembre te dirá que “día de difuntos”; y si es el 21 de junio te responderá que “el día más largo”, etc., etc.
La costumbre, como en casi todo, nos viene de los romanos que, cuando se levantaban cada quince de marzo sentenciaban aquello de “¡el día de la infamia!” recordando que en “los idus de marzo” asesinaron a Julio César, aquel republicano que quiso ser dictador. Un “día de la infamia” que pudo caer en lunes, aunque no hay noticias.
Dice el escritor peruano, José Hidalgo, que “la vida es un embarazo muy avanzado lleno de tristeza” y somos muchos los que pensamos que, de llegar el parto, llegará un lunes o un domingo por la tarde que es otro día que también se las trae.
De todos es sabido que lo que no se nombra no existe y que bien está que, ante tanto término tecnológico que nos inunda, nos inventemos un calendario que dé cabida a emociones como la tristeza que son tan escurridizas. Un calendario que refleje la nomenclatura emocional.
Por ello, tras “el día más triste del año” que ya tiene asignado su día, habría que seguir con “el día más melancólico”, “el día más sensible”, “el día más empático””, “el día más doloroso”, “el día de la perplejidad”, “el día del desánimo”, “el día de la apatía”, ·el día de la estulticia”, “el día del hastío”, y así. Así hasta formar un calendario emocional que nos recuerde que por muy tecnológicos que nos levantemos las emociones siguen ahí, esperándonos detrás de la cama desde los tiempos de Atapuerca. Y del calendario pasar al diccionario emocional como el que acaba de publicar el ensayista estadounidense John Koenig que lo ha titulado Diccionario de tristezas sin nombre. Un autor que nos recuerda que vivimos rodeados de tecnicismo y palabras precisas, pero que estamos desarmados cuando intentamos explicar lo que sentimos. Porque las tristezas son “penas en observación” -así las llama- que conviven con nosotros y se resisten a ser definidas.
Llegados a este punto tan lleno de tristeza, uno piensa que, por aquello de la equidistancia y la compensación, debería haber un día para la alegría, un día con el honroso título de “el día más alegre del año” que, por supuesto, debería caer en viernes dadas las alegrías que nos proporciona dicho día. Un día, el viernes, que tendría que estar desde hace tiempo en el Olimpo de los más alegres de la semana, como lo está ya noviembre entre los meses, según reza el refranero: “noviembre dichoso mes que entra con Todos los Santos y sale con San Andrés”. Pero no señor, le pregunto al buscador, ese señor que todo lo sabe, y me dice que no, que teniendo en cuenta diferentes variables, el 20 de junio es el día más feliz del año. ¿A santo de qué? -salto como una escopeta- porque si ese 20 de junio cae en lunes “nanay” de la china que dicen los castizos. Lo trasladen ustedes a un viernes y hablamos. El viernes, ese día que se alimenta de tantas expectativas y dichas como frustraciones trae el lunes, tiene que estar ahí, en el santoral de los días felices.
Por eso hoy, 30 de enero y “san viernes”,les envío este triste artículo. Para compensar.

