Obsesionados
(10-02-2026) Que vivimos obsesionados por muchas cosas – por la contaminación, por el orden, por el contagio, por la seguridad, por las catástrofes- es algo que pocos dudan, y que la obsesión por la muerte está entre las más señaladas, también. Solo hay que asomarse a la entrevista hecha a cualquier famoso para comprobar que entre las muchas preguntas que le lanzan a la cara la de la muerte siempre está ahí, ocupando un primer plano.
La obsesión, esa fijeza desmesurada por algo o por alguien, que nos quita el sueño y no nos deja vivir tranquilos, viene de la raíz latina obsessio que significa “asedio” y que se refiere al asedio o bloqueo que puede experimentar cualquier persona en su cuerpo o en su mente, generando la lógica ansiedad.
Está claro que cada individuo tiene sus obsesiones (las hay tan raras como la captotrofilia que es una obsesión por la propia imagen reflejada en los espejos), pero las hay que se hacen colectivas y prenden en una comunidad, como está ocurriendo en China con el tema inquietante de la muerte. “Estás muerto? es el nombre de una aplicación que se ha hecho viral entre los jóvenes chinos. Sí, han leído bien, se ha hecho viral entre los muchos jóvenes chinos que viven solos y piensan que si la palman no habrá vecino o familiar que se entere y lo cuente. La aplicación ¿Estás muerto? es, según piensan los solitarios, la solución a esa obsesión que les asedia desde la cuna: la muerte. Si el usuario (solitario) no interactúa con dicha aplicación y ya son las diez de la mañana se desatan todas las alarmas entre sus contactos que se ven obligados a llamar al 112 chino.
La creciente urbanización en China, el aumento de hogares donde solo vive una persona, el excesivo número de hombres solteros (debido a la tradicional desproporción entre hombres y mujeres) y la soledad creciente entre los jóvenes han impulsado la aplicación salvadora que lleva, como no podía ser de otra manera, un nombre muy chino: Demumu.
Aquí, en la España vaciada y envejecida, ya sabíamos algo sobre el tema, y entre los vecinos de esos pueblos que tan solo cuentan con cuatro habitantes mal contados, ya hay un acuerdo táctico para avisar a los parientes si el de al lado no ha subido las persianas a las diez de la mañana. Y lo hacen sin aplicación que valga: persiana bajada, trompazo en la puerta y un grito a lo ¡¡Mariano!!, son suficientes para cerciorarse de que el vecino o bien está en fase de sueño REM, o tiene un gripazo de los de no te levantes o se ha ido a dormir el sueño de los justos. Pero eso ocurre aquí en España donde tenemos mucha tradición ventanera y solidaria y entre los viejos-viejos (los viejos-jóvenes no paran de moverse por el globo terráqueo como pollos sin cabeza), pero en China que carecen de esas santas tradiciones, no les queda otra que acudir al Demumu para quitarse la maldita obsesión por la muerte.
Así las cosas, lo que más llama la atención de la aplicación de marras es el nombrecito que la han puesto. Me refiero a ese “¿Estas muerto?” que es lo que significa Demumu y que parece dar por hecho que lo normal es estar muerto y no vivo, aunque esto, con el permiso de ustedes, es algo que ya se veía venir. Quienes me siguen recordarán que en un lejano 2012 les hablé en este mismo cuaderno de bitácora (que algunos siguen llamando blog)de los hikikomori, esos jóvenes japoneses que han optado por huir del sol naciente y no salir a la calle. Una tribu urbana rodeada de pantallas que huye del mundo real, mientras se encierra en sus pisos-madriguera de apenas ocho metros cuadrados. Y les avisaba de que aquella tribu se estaba extendiendo por el resto del planeta. Pues bien, del Japón ya ha pasado a China y pronto estará entre nosotros. Entre tanto joven muerto para el mundo real y solamente vivo para el virtual de las pantallas, plantearse si está vivo o muerto no de ja de ser una pregunta retórica. Lo que lleva a pensar que el nombre de la aplicación, ese ¿Estas muerto?, no va tan descaminado.
El miedo atávico a la muerte, que en realidad es el miedo atávico al futuro, crece y crece entre la generación bunker. Esa que vive encerrada en su “leonera” en todos los países y que pronto tendrá que preocuparnos tanto como el cambio climático.
Aunque también es posible que esa tribu, encerrada en sus huras virtuales, termine teniendo la suerte de los purgatoris, aquellos mamíferos placentarios de los que descendemos los sapiens, que vieron desde su agujero cómo caía el meteorito hace setenta y seis millones de años y se llevaba por delante a los dinosaurios y demás enemigos. Todo es posible.

