Malas noticias

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(30/07/2022) Dicen que hay que vivir la vida. Que son cuatro días y tres está lloviendo. O mejor: que son cuatro días y tres son de malas noticias. Y que hay que evitarlas.

 Lo confirma el informe “Digital News Report 2022” elaborado por el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford: crece el número de españoles que evitan las noticias duras como la pandemia o la guerra de Ucrania.

 La táctica del avestruz, esconder la cabeza y no saber de dónde vienen los tiros, es práctica bastante habitual entre la ciudadanía.

 Los vientos apocalípticos que no cesan: crisis económica, guerras, pandemia, volcanes, incendios, desastres, inflación, terrorismo…hacen que muchos se líen la manta a la cabeza y no quieran saber nada de nada.

-He vuelto a recuperar las ganas de vivir -me dice un vecino tras mandarme callar cuando le iba a informar sobre los últimos incendios.

 Debí suponerlo, pues mi vecino lleva tiempo presumiendo de no escuchar noticias que puedan condicionar su vida, “antes oía las noticias nada más levantarme hasta que noté que me quedaba un regusto amargo y cara de dolor de muelas para el resto del día” sigue diciéndome para apuntalar aún más su decisión.

 Le digo que le comprendo, que eso está muy bien, pero que vivimos en sociedad, que cada vez dependemos más unos de otros, que la globalización llegó para quedarse…

 Él me mira compasivo, con cara de lástima, mientras carga su coche. Se va de vacaciones.

-Pero llevarás al menos el móvil -le pregunto temiéndome la respuesta.

-En vacaciones tenemos prohibido el móvil. Hay que ser consecuentes. Si la gente antes sobrevivía sin el móvil nosotros también podremos hacerlo. Nada de aparatos tecnológicos que asusten nuestra siesta.

 Mientras le observo, caigo en la cuenta que algo de razón tiene, que el estudio aludido confirma que las malas noticias provocan ansiedad e incluso llegan a producir depresión y problemas mentales en algunas personas.

 Tampoco le digo que cada vez hay más gente que evita las noticias. En Brasil, que encabeza la lista de los desertores de noticias, lo hacen más de la mitad de los encuestados (un 54%), siguiéndole el Reino Unido (46%, Estados Unidos (42%)…, mientras que España con un 35% se sitúa por debajo de la media.

 Pero sí, los noticiarios están cayendo en picado ante tanta incertidumbre, ante tantas calamidades como escupen los titulares de los medios.

-Pero llevarás mascarillas por si…

-No quiero saber nada del tema -me corta sin darme opción a explicarme.

 A esa huida de lo catastrófico se suma, según el informe, el aumento de los escépticos que no confían en las informaciones que les llegan. Ante tanto bulo como anda suelto, ante tanta noticia sesgada, ningún titular de noticias logra la confianza de la mitad de la población. Y la tendencia sigue subiendo.

 Sigo observando al vecino mientras mete en el maletero las bicicletas de los niños y los bastones para hacer senderismo.

-Nos encanta el senderismo por veredas boscosas -comenta satisfecho mientras carga las últimas mochilas y echa un vistazo a la presión de las ruedas.

Arranca el motor y baja la ventanilla para despedirse.

-¿A dónde me dijiste que ibais este verano? -le pregunto.

Recuerdo que a finales de primavera, en un encuentro en el rellano, hablamos sobre nuestras vacaciones sobre nuestras preferencias paisajísticas, sobre las mejores casas rurales, pero se me había olvidado el destino de sus vacaciones.

 -¿Ya no te acuerdas?  -me dice sonriendo y feliz desde el volante cual español de los años sesenta camino de la playa con su primer seiscientos.

-No -le digo ya desde la distancia.

Y entre ruidos de coches y voces de calle me parece oír algo que me deja clavado en el suelo: “¡A la Sierra de la Culebra!”



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