Gorilas en la palestra

gorila

(01/03/2026) Ser un animal está de moda. Mejor dicho: ser un animal irracional es lo que se lleva, dada la frecuencia con la que exhibimos nuestra parte más animalesca.

  Por eso algunos llevan tiempo renunciando a esa imagen bíblica que nos presenta casi como dioses y se enorgullecen de su parte más bruta -entendiendo por “bruta” la cualidad de los animales que caminan a cuatro patas- Y más ahora que el satélite espacial Hubble nos está demostrando que el Universo es mucho más grande de lo que imaginábamos y nosotros una insignificancia, una mota de polvo con pretensiones.

 Y ese homínido que hasta hace cuatro días iba al gimnasio soñando en convertirse en un dios del Olimpo o en un Discóbolo de Mirón, se conforma ahora con hacer la “caminata del gorila”, ejercicio que está de moda y que, según cuentan, mejora la fuerza, la coordinación y el equilibrio. Aquel “Baile del gorila” que popularizó una cantante a principios de los 2000 se está convirtiendo en tendencia global y está ganando terreno en los gimnasios que son las nuevas Escuelas de Atenas, las nuevas Academias.

 “El año dos mil y pico, los hombres podrán volar subidos en un cohete por el espacio estelar” cantaba Pablo del Río allá por los sesenta, pero, mira por dónde, en el año dos mil veintiséis los hombres prefieren algo más elemental que volar, algo más de “andar por casa”: caminar como un gorila y presumir de ello ante los amigos.

 El animal Flow, un programa de entrenamiento de alta intensidad creado por Mike Fitch que utiliza el peso corporal para imitar los movimientos de los animales, como los del gorila, es una prueba concluyente de esa fascinación por nuestros compañeros en desdichas que nos acompañan en la Tierra, pero que tienen la ventaja de no plantearse las preguntas que duelen: ¿qué hacemos aquí?, ¿de dónde venimos?, y ¿a dónde vamos?

 Ya lo dijo el premio nobel de literatura Octavio Paz “No es que los hombres seamos animales irracionales. Eso estaría bien. Es que somos bestias razonantes.”

 No es de extrañar que, como les comenté en mi anterior artículo, algunos racionalescomo lostherians se estén cambiado de equipo pasándose al de los irracionales. Homínidos, como usted y como yo, que están saliendo del armario para pasarse al equipo contrario con la ventaja añadida de que con la “caminata del gorila” desarrollan la movilidad de la cadera, de los hombros y de la muñeca, aparte de las ventajas que da el mirar hacia el suelo que, al estar más cerca que las estrellas, no te plantea esas cuestiones filosóficas que te quitan el sueño.

 Así que si ven a alguien balanceando el cuerpo de un lado a otro, los brazos relajados, las piernas siguiendo el movimiento del torso y con los hombros hacia atrás, no es porque se estén preparando para intervenir como extras en una película de Tarzán de los monos, no, están haciendo la “caminata del gorila” muy metidos en su papel y satisfechos de su cuerpo.

 Se lo cuento a un amigo y me dice, el muy bruto, que puestos a imitar a animales él prefiere imitar a las ranas porque asegura “la duración de su cópula alcanza una semana”. Le digo que es muy bruto y que, al paso que va, terminará haciendo ejercicios simiescos para opositar a therians.

 Llegados a este punto, permítanme una cita que escribió hace tiempo el ya desaparecido intelectual peruano Marco Aurelio Denegri. No tiene desperdicio y, aunque larga, su final sorprende a todos aquellos que tienen problemas de identidad: “El hombre es un miembro del reino animal, del filum de los cordados, del subfilum de los vertebrados, de la clase de los mamíferos, de la subclase de los euterios, del grupo de los placentarios, del orden de los primates, del suborden de los pitecoides, del infraorden de los catarrinos, de la familia de los hominoides, de la subfamilia de los homínidos, del género homo y de la especie estúpidus.”

 Y es que, para nuestra desgracia, los humanos somos seres esquizofrénicos, divididos, (que eso es lo que significa esquizofrenia) que nos movemos entre la tierra de los animales y el cielo de los dioses, sin saber muy bien cuál es nuestro destino. Aunque se oyen voces lejanas, y este artículo da prueba de ello, de que algunos han optado por imitar a los animales de cuatro patas y dejar. de contar estrellas.

  Hace unos sesenta mil años se inició en África la emigración de los homínidos, según refieren antropólogos y genetistas, pero algunos no salieron muy convencidos y mientras señalan las selvas tropicales siguen mascullando: “mi casa”, “mi casa”, “mi casa”.



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