Arcadia feliz

memoria

(20/07/2021)  La nostalgia es la censura del recuerdo, escribió Vázquez Montalbán y algo de razón tenía porque hay mucho nostálgico que se refugia en las redes sociales para vendernos una memoria falaz y tendenciosa que colorea con la paleta de la distancia todo aquello que vivimos en blanco y negro.

 Los vídeos y memes que más corren por wasap son aquellos que ensalzan la bonanza de la generación de los cincuenta  y sesenta (también de los setenta y ochenta) en formato “si no sabes lo que es esto no tuviste infancia” donde “esto” consiste en una cinta de casete, un tirachinas, unas tabas, una muñeca de trapo (entre otros muchos objetos), o aquellos que destacan en letras mayúsculas que fuimos la generación del recreo sin celular, que con simplemente una tiza y sin tableta éramos felices y otras sandeces por el estilo.

 Un país de jauja donde fue maravilloso vivir y una generación (la de los actuales jubilados y prejubilados) que no sabe la suerte que tuvo al nacer entre tanta pobreza.

 Y uno entiende que sí, que tuvo infancia con esos y otros objetos en aquellos años de remiendos y leche en polvo, pero que la película que nos venden no cuenta toda la verdad (que es una forma de mentir) y que es tendenciosa porque en esos vídeos no se ven los compañeros de juego que desaparecían de la noche a la mañana (familias enteras emigraban del campo a la ciudad), ni las muchas chabolas que rodeaban cualquier urbe, ni vemos a niños trabajando en el campo o en la ciudad para completar el escaso salario de la familia y contribuir a los planes de desarrollo, ni a niños llorando porque el padre emigraba a Alemania y tardarían meses o quizás años en volver a verlo.

 Pero en vez de ver a padres cargados de maletas despidiéndose, entre lágrimas, de sus retoños, a madres pariendo sin epidural, a niños sentenciados con la polio o a muertos prematuros por falta de penicilina, aquellos años se presentan como una arcadia feliz que nada tiene que ver con los tiempos bárbaros que estamos viviendo.

 Entre las imágenes que mitifican el pasado se cuelan también las que destacan la bonanza educativa de aquellos años. Son fotos que muestran a madres con rulos y rodillo en mano (sí, con un amenazador rodillo de cocina) y adornadas con textos aclaratorios del tipo: “mi madre también era de las que decía: tú llora que como vaya yo vas a llorar con razón”. Fotos que echan mano de un vocabulario educativo moderno para ensalzar antiguas prácticas -“mi madre aplicando terapia cognitivo conductual como tratamiento para el trastorno negativo desafiante”- a la vez que presentan a madres (siempre madres) golpeando con sus zapatillas el nalgatorio de sus retoños.

 Y sí, uno entiende que los padres y los educadores de hoy están demasiado obsesionados con lo de los traumas psicológicos que pueden causar a sus hijos enfrentarse a determinadas circunstancias, pero de eso a afirmar que “quien estuvo castigado de niño porque desobedeció a sus padres hoy sufre de un trauma psicológico muy raro llamado: Educación!!!” hay un trecho.

En esta línea hay una imagen que resume a la perfección lo que les estoy diciendo. Se trata de una fotografía en la que aparecen una zapatilla, una cuchara, una escoba y un cinturón mientras se indica en grandes letras: “los grandes psicólogos de mi infancia y las consultas eran gratis”.

 Independientemente de que la nostalgia sea la censura de la memoria e incluso de que sea un error (“La nostalgia es un error” tituló a uno de sus libros José Luis de Villalonga) la nostalgia es sobre todo una emoción, un sentimiento de anhelo, mezcla de placer y afecto, por una situación o un acontecimiento del pasado.

 Una emoción que como tantas otras (piensen en las que acompañan al nacionalismo) huye de todo razonamiento, de toda lógica, y es aprovechada por los sectarios para sacar votos y arrimar el ascua a su sardina.

 Añorar tiempos pasados en la línea de “cualquier tiempo pasado fue mejor” es peligroso cuanto menos, porque la realidad, que es siempre variopinta, con el tiempo se desdibuja y la memoria, que es selectiva, termina ofreciéndonos las mejores estampas para ayudarnos a sobrevivir en el tormentoso mar de los recuerdos.

 Estas páginas que inundan las redes dispuestas a transportarnos a los bellos recuerdos del pasado deberían ser leídas, cuanto menos, con espíritu crítico. Algo de lo que carecemos los educados en aquellos años. Y en estos.



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