El templo de Morfeo

morfeo

(20/01/2026) Hace tiempo que lo sabíamos aunque nadie se atrevía a decirlo: el mejor destino turístico es el viaje al mundo del sueño. En el listado de los lugares turísticos más apetecidos está escalando posiciones el dormir a pierna suelta y pronto se convertirá en el plan de vacaciones más buscado por las agencias de viajes. “Dormir es un lujo. El descanso se convierte en plan de vacaciones y crece el exclusivo modelo del turismo del sueño”, proclama el titular de un diario.

 Muchos ya lo sospechábamos cuando tras aterrizar agotados de visitar las antípodas nos entregábamos al descanso con mayúscula: planchar el sofá con una siesta de padrenuestro y orinal durante varios días.

 Dormir es un lujo dicen los expertos y las agencias turísticas que lo saben buscan ya lugares donde no haya que madrugar y sin esas diversiones que terminen a altas horas de la noche. Abajo los horarios desordenados y las cenas tardías. Fuera el consumo de alcohol y el exceso de pantallas.

  Un turismo del sueño que busque el adecuado descanso durmiendo como niños será el destino más demandado, por encima de las Pirámides de Egipto o del Machu Pichu. Un viaje al lugar de los sueños con guías turísticos que señalen las mejores zonas del planeta donde poder echar una cabezadita, mientras otros hacen rutas agotadoras para contar los pasos con su podómetro.

 La revista Occupational Environmental Medicine lo ha dejado caer como aviso para navegantes: la falta de sueño iguala al alcohol en términos de deterioro cognitivo.

 Habrá, por consiguiente, que eliminar esas rutas turísticas por resultar tóxicas para la salud y el buen dormir. Los viajes trasatlánticos ya están en el punto de mira y serán los primeros en caer. El destino está muy lejos, altera el sueño y, tras bajar del avión te conviertes en un zombi que ni sabe dónde está ni entiende a los lugareños Y todo para comprobar que la realidad que se te presenta es como el sueño que tuviste en el avión, pero peor.

 A partir de ahora habrá que pensárselo dos veces. Nada de entregar nuestro descanso vacacional a guías trotamundos que te levantan a las cuatro de la mañana porque hay que visitar el templo de Abu Simbel. Mejor hacerlo con aquellos que te permitan dormir en el regazo del Nilo hasta que te despierten las ganas de comer. Y que espere Ramsés II en su templo otros cuatro mil años.

 Descartados los vuelos transoceánicos y el senderismo agotador ganan puntos entre los lugares más demandados las saunas finlandesas, siempre que bajen el exceso de calor y eviten al pelmazo que no para de hablar mientras resuda. O dormir en Ovo Patagonia: una cápsula colgada a más de 340 metros de altura sobre el valle de Las Vizcachas en El Chaltén argentino.

 Estos viajes de placer para bellas durmientes (y bellos) tendrán la virtud de cambiar las conversaciones tras la vuelta. En lugar de aguantar al vecino hiperactivo que te castiga con los lugares visitados ayudándose de mapa y puntero, tendrás un compañero, con el pegamento del sueño aun en las pestañas, que presumirá de las horas dormidas en su viaje por El Escorial. Tantas que no le permitieron conocer el Panteón de los Reyes ni la plaza del pueblo. ¡Y tan feliz!

 A partir de ya entre los mejores sueños del personal no estará visitar el Monte Fuji, sino el poder dormir las ocho horas diarias que están más al alcance de cualquiera y resultan menos gravosas para el bolsillo.

 Ahora que el Club de los 60 propone viajes a Japón para cuando llegue la primavera habrá que pensárselo dos veces. Para empezar, sería conveniente ponerse una mañana sí y otra también la canción Japón del grupo No me pises que llevo chanclas y quedarse dormido oyendo aquello de “Japón, mia que está leho Japooón / Japón, mia que está leho Japooón / Que allí no quiero ir yo / Que nol, que nol, que no quiero ir ar Japón”, y luego hacerse preguntas filosóficas del tipo ¿hay posibilidad de dormir en tan largo viaje? ¿tras el sushi, el sashimi y el tonkatsu, habrá el necesario tiempo para una buena siesta? Y otras cuestiones por el estilo.

  El sueño se ha convertido en producto de consumo y es cada vez más apetecible. Ya lo dijo William Shakespeare en su obra La tempestad “los paraísos están hechos de la sustancia de los sueños”.

Habrá que empezar a pensar en viajar a ese paraíso que está tan próximo y tan lejano: el buen dormir, el sueño reparador que favorece el olvido, refuerza la memoria y forma parte, junto con la dieta equilibrada y el ejercicio, de la santa trinidad de la salud.

 Porque como dijo Borges “dormir es distraerse del mundo”. Y la más saludable manera de hacer turismo, añado.



Deja un comentario

Disculpa, debes iniciar sesión para escribir un comentario.